Cuándo evitar discusiones

Ya hemos hablado de la importancia de las discusiones como situaciones enriquecedoras y necesarias en nuestra vida en sociedad.

Sin contradecir lo anterior, apuntamos que del mismo modo que hay conversaciones constructivas, también las hay inconvenientes o innecesarias para nosotros.

A continuación nos preguntaremos:

¿Cuándo es innecesaria una discusión?

En primer lugar, cuando advirtamos que alguien muy crispado llega hasta nosotros e intenta discutir, lo más sano es salirse por la tangente, no participar de ninguna manera, porque no debemos permitir que nadie pague con nosotros sus malos humos.

En otras ocasiones, cuando hemos iniciado una conversación o discusión, ésta puede derivar hacia otros derroteros y es importante que nos demos cuenta de cuándo sucede.

Una discusión se torna innecesaria cuando el objeto inicial se desvirtúa ante la falta de argumentos sólidos por parte de alguna de las personas que participan en ella.

Por ejemplo, aquí hay algunos indicadores que nos ayudan a saber que la confrontación no va por buen camino:

  1. Comienzan a aparecer los reproches: Se recurre a hechos del pasado; afloran resentimientos, con lo cual el objeto inicial de la discusión desaparece y el tema se desvía hacia asuntos pendientes: “¿Te acuerdas de cuando…?”
  2. Una de las partes ridiculiza la opinión de la otra: Ante la impotencia de no poder rebatir al contrario, se ataca desmereciendo o echando por tierra su opinión: “No dices más que estupideces”. Y ahí queda con suerte, porque puede ridiculizarse no sólo la opinión, sino a la persona en sí, cayendo en el insulto: “Eres tan estúpido…”.
  3. El victimismo: Se hace sentir mal a la otra persona haciéndola creer que nos está haciendo daño con sus argumentos: “¿Por qué me haces esto?” Otra manipulación, sí. En los peores casos, la parte “dañada” llora y patalea: “No me esperaba esto de ti.”
  4. La exageración: Consiste en desvirtuar la opinión del contrario situándola en un punto extremo: “Siempre sales con lo mismo.” El uso de adverbios tales como: siempre y nunca es frecuente en esta táctica. Quien los usa no pretende tanto definir una situación como hacer sentir mal al contrario, que se vea como una persona inflexible, predecible y fastidiosa.

Cuando nos vemos envueltos en este panorama, cayendo nosotros mismos en alguna de estas tácticas o bien siendo objeto de ellas por parte de nuestro interlocutor, lo más sensato es abandonar la discusión cuanto antes.

Se puede desaparecer de escena o simplemente dejar de echarle leña al fuego.

Se dice que “dos no discuten si uno no quiere” y en mi opinión es cierto. ¿Qué piensas tú?

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