Afrontar los imprevistos

Planear es una cosa y pretender controlar hasta el último detalle es otra.

imprevistosLos imprevistos están ahí desde que nacemos, unas veces para hacer la vida más emocionante y otras para complicarla de lo lindo.

Por eso, acostumbrarse a “esperar lo inesperado” nos ahorrará buenas cuotas de ansiedad.

La vida no conspira contra nosotros cuando, por ejemplo, tenemos prisa un día y es precisamente entonces cuando encontramos más atascos, más colas e interrupciones en nuestro camino.

Tampoco lo hace cuando, sin explicación, llega un desastre que pone nuestra existencia patas arriba.

¿Por qué a mí? ¿Por qué en este preciso momento?

Porque no siempre tenemos la oportunidad de diseñar la vida a medida, controlando cada suceso. Y asumir esta “simpleza” evitará que lo pasemos peor aun en el caso de que el imprevisto sea negativo.

Cómo reaccionar ante una situación imprevista

0. El punto cero, como hemos dicho, es asumir lo inesperado como parte de la vida.

1. Mantener la calma. Ésta, sin duda, es la parte más difícil, pero puede entrenarse gracias a los pequeños imprevistos y percances cotidianos. Tras la sorpresa inicial, hay que controlar los caballos desbocados de la emoción.

2. Respirar. Cuando uno está en tensión se le corta hasta el aliento y, precisamente, lo que necesitamos es que llegue oxígeno al cerebro para pensar. Unas cuantas respiraciones lentas y profundas nos ayudarán en este sentido.

3. Establecer prioridades. ¿Qué es lo que requiere en este momento más atención?

4. Actuar. Si hay algo que se puede hacer, cuanto antes mejor. Y, si hace falta pedir ayuda, pues se pide.

Se podría añadir: intentar afrontarlo con sentido del humor, siempre que se pueda.

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Quizás nadie lea esto cuando le caiga encima uno de esos imprevistos que sientan como un jarro de agua fría y, si lo hace, puede que no le sirva de mucho justo en ese instante.

Sin embargo, sí sirve para tenerlo en cuenta. Sucesos inesperados no faltarán; algunos malos y otros muy buenos.

Cuando llegue el momento, no olvides respirar. 😉

Imagen de Beth Nazario

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