Más valiente cada día

Seguridad. ¡Cómo nos aferramos a ella! A veces, tanto como para dejar de lado pequeños riesgos que habría valido la pena correr.

Por quedarnos seguros, en nuestro rinconcito, podemos soportar por largo tiempo relaciones que no funcionan, trabajos que detestamos, hábitos que nos matan poquito a poco y otras decisiones inconvenientes.

No siempre la seguridad es tan valiosa. Al menos, no en los casos que hemos mencionado. Pero, como le hemos dado prioridad durante tanto tiempo, llega el día en que queremos cambiar y no nos sale hacerlo.

valiente

Nos falta valor. Pero el valor no es como un traje que está en nuestro guardarropa esperando ese día en el que decidimos vestirlo. El valor no es tan superficial, porque nace del corazón. Y nuestro corazón, tan habituado a lo conocido, ha olvidado cómo rebelarse.

El valor se alimenta cuando somos capaces de salir de ese círculo donde estamos cómodos y, para eso, no hace falta que cada día nos tracemos una gesta heróica. Es más simple que eso.

Para ejercitar cada día nuestro valor sólo hemos de correr pequeños riesgos:

  • Vestirnos con la ropa que nos gusta, aunque no sea el último grito en moda.
  • Hablar con alguien con quien no nos atrevemos a hablar.
  • Defendernos con palabras si otra persona nos trata mal.
  • Atrevernos a expresar nuestra opinión en público, incluso cuando no coincide con la mayoritaria.
  • Variar un poco nuestra rutina cotidiana.

Son ejemplos de gestos que sirven para ir superando inseguridades y entrenando nuestro lado más valiente.

Tiene sentido, ¿no? Si queremos ser más delgados, cada día hacemos algo por ese objetivo. Lo mismo, si nos hemos propuesto hablar chino o aprender a tocar la bandurria.

El valor también se entrena poco a poco y nos servirá cada vez que deseemos salir de ese rinconcito conocido; que está muy bien como refugio, pero en modo alguno hemos de convertirlo en una cárcel.

Imagen de stevendepolo