Nuevo hábito: Los primeros días son los más difíciles

Los buenos hábitos están ahí para hacernos la vida más fácil y para ayudarnos a conseguir nuestros objetivos.

Cuando, por ejemplo, te propones hacer cambios en tu alimentación o practicar ejercicio a diario, lo verdaderamente difícil está al comienzo.

Una vez que el hábito se ha asentado, no te cuesta trabajo continuar con él (o muy poco, comparado con el principio).

Y, además, te motivas observando los progresos, ganas en confianza y todo eso repercute favorablemente en tu autoestima.

Claro que, como hemos dicho, antes hay que atravesar ese período difícil del inicio, donde precisas de fuerza de voluntad, de compromiso y de mucha motivación.

¿A qué te suena esto? ¿Te suena a esfuerzo, a sufrimiento, a privaciones?

esfuerzo

Obviamente, cuando quieres que un nuevo hábito forme parte de tu vida no lo logras apretando un botón. Necesitas apegarte a la disciplina por unos días.

Ya no parece tan terrorífico. Sólo son unos días de esfuerzo, aunque tu mente trate de convencerte de que la penuria será eterna.

Y aún hay maneras de hacer este esfuerzo más liviano:

El registro de esos días

Hazte con un calendario de un mes y comprométete a señalar cada día que consigas llevar a cabo la acción que quieres convertir en hábito.

Si te has propuesto hacer ejercicio, por ejemplo, hazlo cada día por espacio de unos minutos.

¿Porqué señalo cada día? Porque supone menos esfuerzo asentar un hábito diario (el ejercicio, en este caso) que realizar una acción (como ir al gimnasio) dos o tres veces por semana.

Hazlo corto y sencillo

Empieza por pocos minutos y, para que te sea más fácil aún, puedes realizar el hábito nuevo justo al lado de uno que ya tengas establecido. (El desayuno, por ejemplo.)

Mira lo positivo y no lo que pierdes

Recuérdate continuamente cuál es tu objetivo. Puedes colgar un póster en algún lugar visible, contar con la ayuda de un pariente que te anime o recurrir a cualquier otro apoyo que se te ocurra.

Y, durante esos días de disciplina, fíjate más en lo que sí puedes hacer.

Esto es difícil cuando tratas de sustituir un mal hábito por uno saludable. Por ejemplo, cuando quieres dejar la comida basura o dejar de fumar.

Sufres más cuando piensas en lo que dejas, en las privaciones. En ese caso, intenta darle más fuerza a lo que sí puedes probar o hacer (nuevas comidas, nuevos sabores, un hobby…) y no a lo que pierdes.

Rodéate de buenos ejemplos

En esos días, quédate al lado de quien te anima, o bien, busca modelos que te inspiren.

Apártate de esa gente que va en sentido contrario a lo que quieres lograr. En el ejemplo de la dieta, no te lo pongas más difícil acudiendo a reuniones donde haya personas que te van a instar a que te la saltes.

 

Todo eso ayuda a que sea más sencillo el comienzo. Recuerda: Son sólo unos días.

Intenta ser consistente y ve señalando en ese calendario mensual que has cumplido con tu misión, un día tras otro.

¿Y qué pasa si fallas alguno? Si fallas hoy, tranquilo. Mañana lo intentas de nuevo. Ten presente que estás haciendo esto por ti y, por eso, vale la pena concederte una nueva oportunidad.

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