Cómo transformar la envidia en algo positivo

Pocos sentimientos hay más destructivos que la envidia. Es dolorosa para quien la padece y también puede serlo para quien es objeto de esa envidia.

Simplificando, digamos que es un sentimiento que nace de la escasez. El envidioso pone sus ojos en una persona que tiene lo que a él/ella le falta.

¿Podría tener esto algo positivo?

Podría, sí. El envidioso puede optar por desterrar esa frustración y esa rabia de su vida (liberarse de la envidia), pero también puede transformarla y hacer que juegue a su favor.

envidia

Claro que ha de hacerlo con mucho cuidado, porque la envidia es un arma que puede dispararse en su contra.

Hecha la advertencia, veamos cómo puede el envidioso utilizar este sentimiento para mejorar su vida.

La envidia te ayuda a conocerte

Envidias lo que ves en otros y esto es una importante fuente de autoconocimiento.

A veces no puedes saber que te gustaría conducir el coche X, si no lo ves con tus propios ojos.

Lo del coche es muy simple, pero sirve para todo lo demás. Miras a alguien trabajando en algo o practicando una actividad divertida y sientes que te apetece hacer lo mismo.

Puede que nunca lo hubieses sabido, si no lo hubieras observado en alguien.

La envidia (puedes llamarla “blanca”), en este caso, es útil para que tú conozcas más sobre ti mismo (sobre lo que te gusta y lo que deseas hacer). Y también para que te plantees principios, prioridades y objetivos nuevos.

Te motiva

La envidia puede impulsar tu motivación. Esto lo saben bien aquellas personas que son más competitivas.

Cuando observas a alguien que ha llegado “alto”, sientes esa fuerza arrolladora que te anima a subir hasta donde está y, si acaso, ir más allá.

Con este afán de superación eres más hábil enfocándote en tus objetivos y más productivo.

¿A que es otro punto positivo? Pero, para que no te salga el tiro por la culata, no está de más apuntarse también lo siguiente…

Paso hacia la admiración

Esas ganas de tener lo que crees que te falta pueden ser un motor potente, pero ten cuidado de que no se te queme en pleno vuelo.

Es decir, no dejes que la envidia se transforme en odio y resentimiento, porque entonces sí llevas las de perder.

Llevas las de perder porque tú mismo te sitúas en un plano de inferioridad. Y, amigo, tú no eres inferior a nadie.

Observa a esas personas que tienen o hacen lo que a ti te gustaría y aprende de ellas. Inspírate para luego hacer tu propio camino.

En resumen, recicla la envidia transformándola en admiración, que es más sana para todos. 😉

Es una sugerencia, claro. Pero una vez más hemos visto que algo malo también podemos extraer cosas buenas. Todo está en cómo se maneje el cotarro.

Imagen de Darwin Bell