4 Retos que desafían tu buen humor a diario

¿Te has parado a pensar en el abanico de emociones que vives a diario?

No todos los días son iguales (afortunadamente), pero lo que tienen en común es que nos aguardan emociones diversas.

Pongamos que has decidido levantarte con la sonrisa puesta y con ganas de saltar (como en la canción de Tequila).

Deseas conservar el buen humor durante todo el día, pero no será fácil, a no ser que esté bien apuntalado por un suceso lo suficientemente alegre como para eclipsar cualquier desventura cotidiana. Por ejemplo, que te acabe de tocar la lotería.

Pongamos que no. No hay lotería ni casamiento en ciernes. Simplemente, has decidido vestirte con tu mejor sonrisa y, aunque a ratos se te caiga, llegarás a la noche con ella.

enfadado

Empieza la travesía y, con ella, los retos que ponen a prueba esa actitud positiva con la que despertaste. Los hemos englobado en 4 grupos:

Ruido

Desde primera hora, el ruido está presente en tu itinerario. No sólo nos referimos a estímulos auditivos indeseables, como gritos de vecinos, tráfico, chasquidos, murmullos molestos, máquinas, teléfonos que suenan, etc.

También vamos a considerar ruido a otros estímulos que, aunque no suenan, son igual de intrusivos. Del estilo de esas incesantes notificaciones de Facebook, por ejemplo. No has visto una y ya tienes dos o tres pendientes.

¡Oh! El ruido de la vida… Es una maravilla, siempre que no irrumpa en tus pensamientos rompiéndote a cada instante la concentración.

¿Qué haces tú? Vives la contrariedad en tus carnes, sustituyendo momentáneamente tu sonrisa por una mueca de fastidio. PERO… ¡recuperas el buen humor!

¿Cómo lo has hecho? Seguramente, siendo paciente y comprensivo con ese mundo ruidoso.

Imprevistos

Es previsible que haya imprevistos todos los días. Por eso es gracioso que los llamen “imprevistos”. Vienen a ser como los ruidos, sólo que aquí se requiere cierta acción por tu parte.

Está el motor que no arranca, el ordenador que se bloquea, la lavadora que decidió estropearse, el gripazo que se ensañó contigo, el tirón en la espalda, la vecina que te entretiene cuando tienes más prisa, el niño que te rompió el cristal de un balonazo, etc.

Cualquier cosa puede suceder. No todo (menos mal). Pero da por hecho que el día de hoy será distinto al de ayer, porque algo “imprevisto” (o previsto por ti) hará que así sea.

Qué pena que no todos los imprevistos sean agradables. Ahí están también los que pueden borrarte la sonrisa de la cara.

Sin embargo, tú has decidido asumir lo imprevisto con calma, sin tirarte de los pelos… ¡¿y hasta bromeando un poco sobre la situación?!

Lo tuyo es de nota. Prueba superada. Seguimos con los retos.

La gente y su idiosincrasia

¡Ay, la gente! A ver cómo te las arreglas con todas esas personas que van a decir justo lo que no quieres escuchar. ¿Y con todas ésas que hoy harán todo lo que más te fastidia?

Si te relacionas con el género humano, cada día encontrarás a alguien que haga, diga o piense algo que no te gusta.

Pero tú escucharás comentarios y críticas. Manejarás conflictos y te ocuparás del único comportamiento que puedes controlar: el tuyo.

La mayoría de las veces NO puedes hacer que otros se comporten como a ti te gustaría que lo hicieran. ¿Para qué gastar energías entonces?

Leo Babauta dice que la otra persona “nunca” es el problema. Él/ella es como es y hace lo que hace. PUNTO. El problema es cómo reaccionas tú a eso que hace que a ti no te gusta.

Tú eres el único que elige cómo reaccionar. De modo que puedes liarte a tortas con aquél que te contraríe o puedes tomártelo con más calma, dejando que tu rabia o frustración se disipen poco a poco.

¿Necesitas algo de tiempo para que se vaya la crispación? Concedámonos unos instantes de vacaciones mentales en la playa.

mirando al mar

Mmmm… Qué maravilla… Prueba superada. Aunque nos queda un reto temible, ¡cielos!

Presiones autoimpuestas

Superar este reto conservando el buen humor tiene mucho mérito. Porque muchas veces las mayores presiones no vienen de fuera, sino de dentro:

De querer hacer varias cosas a la vez. De empeñarte en terminarlo todo y en dejarlo perfectísimo. De no ser comprensivo con tus humanas debilidades y errores. De castigarte con culpas, resentimientos, etc.

Hacer bien las cosas es loable. Pero machacarte a ti mismo con un nivel inalcanzable de exigencia no es ni loable ni saludable.

Lo sabes y por eso decides ser amable contigo mismo, más comprensivo. Decides tratarte bien; algo que no está reñido con poner de tu parte para seguir progresando cada día en la dirección que te has propuesto.

Y, como has tomado la mejor decisión, recoges su consecuencia: ¡Prueba superada! ¡Enhorabuena!

Era la última del día y la coronas con una sonrisa de satisfacción. Ahora, a descansar, que quién sabe qué aventuras y emociones te aguardan mañana… 😉

Imagen de sierragoddess