Pensar para ganar

Para lograr el éxito en las relaciones personales, en el trabajo o en los negocios es muy importante saber cómo pensar.

Los pensamientos son el motor de nuestras acciones; deben estar en sintonía con ellas para que el resultado final nos resulte satisfactorio.

Muchas veces escuchamos que para lograr el éxito es imprescindible mentir, estafar y engañar e incluso es posible que en algún momento nos haya tentado unirnos a esa opinión.

Sin embargo, quien así habla no está describiendo la realidad, sino su propio concepto del triunfo y justificando también la ausencia del mismo en su vida.

Evitando el conflicto

Aunque en ocasiones no lo parezca, todas las personas tendemos a ser coherentes. Por eso es difícil tener éxito si se asume que para conseguirlo habrá que ser deshonesto.

Las personas salvaguardamos nuestra integridad a través del concepto que tenemos de nosotros mismos, por lo que realizar acciones presuntamente malvadas siendo conscientes de ellas pone en peligro los cimientos de nuestro ser.

Hasta el mismo Al Capone, autor de múltiples crímenes y fechorías, se sentía y proclamaba inocente. La imagen que tenía de sí mismo distaba mucho de la del mafioso que pasó a la historia.

Lo que pensamos nos define como personas y también traza las líneas generales de nuestro comportamiento. Podemos traicionar nuestras palabras haciendo lo contrario de lo que hemos dicho, pero difícilmente nos podremos permitir traicionar el concepto que tenemos de nosotros mismos.

Así, resulta más sencillo y menos peligroso para uno mismo vivir una vida carente de éxito y de satisfacciones que lo contrario, si ello implica traicionar la imagen interna que se tiene de sí.

Los pensamientos se transforman así en realidades que nosotros mismos construimos.

Concepto negativo del éxito

El problema, entonces, está en el concepto que se tenga de éxito y no tanto en el éxito en sí. Si consideramos que el éxito implica traicionar nuestra honestidad e integridad personal, no encontraremos motivación alguna para luchar por él.

En ese caso, sólo si nos reconocemos dispuestos a traicionarnos a nosotros mismos, a actuar en contra de nuestra autoimagen, seremos capaces de alcanzarlo. Algo que ni siquiera Al Capone fue capaz de asumir, a pesar de que las pruebas demostraban lo contrario.

Es nuestro pensamiento, pues, el que determina nuestra posición ante las cosas y el que marca las acciones que estamos dispuestos a emprender, o no, en pos de algo.

Quienes conciben el éxito como algo positivo se han permitido a sí mismos emprender el camino hacia él, asumir las dificultades y superarlas para lograr su objetivo. Nada hay de malo en perseguir algo bueno.

La conceptualización negativa del éxito es una forma de perpetuar la pobreza de miras y de justificar la infelicidad.

Todos tenemos derecho a ser felices; desde el nacimiento adquirimos el compromiso tácito con nosotros mismos y con la vida de procurarnos el mayor bien y felicidad que podamos. Por mucho que haya quien se empeñe en lo contrario.

Del pensamiento a la acción

El éxito no es fruto de la casualidad, ni de la suerte, sino de nuestro pensamiento. Allí es donde lo moldeamos, lo dejamos crecer y le damos salida a través de nuestros sueños, que después materializaremos en planes prácticos de acción para hacerlo realidad.

Es nuestro pensamiento el que en primera instancia nos permite, o no, triunfar.

Las circunstancias son excusas, meras cuestiones accidentales que podemos combatir. Y también son pasajeras.

Después somos nosotros los responsables de idear una estrategia para triunfar y de llevarla a cabo hasta el final. El éxito siempre está de nuestro lado si pensamos y actuamos para ganar.