Rápido, fácil y sin esfuerzo

La filosofía del “rápido, fácil y sin esfuerzo” se extiende como una plaga a todos los ámbitos de la vida. Pero se trata de una mera ilusión; cada cosa requiere su tiempo y, cada día, su afán.

Vivimos una época de grandes cambios y adelantos. Posiblemente siempre ha sido así, pero parece que ahora todo va más rápido que nunca.

Da la impresión de que el mundo se mueve a una velocidad vertiginosa. Los nuevos adelantos tecnológicos se suceden de día en día; también las mejoras en medicina y los cambios sociales.

Allá donde se mire, todo parece estar de mudanza. “Todo fluye, nada permanece”, que decía el filósofo Heráclito de Éfeso allá por el siglo V a. de C.

rápido, fácil y sin esfuerzo

Desde los medios de comunicación se nos habla de cambios, cambios, cambios… Y todas esas transformaciones se traducen en impaciencia, en un deseo intenso de inmediatez, en la exigencia de conseguirlo todo de una manera rápida, fácil y sin esfuerzo.

Las nuevas tecnologías nos han acostumbrado a tenerlo todo en un instante. No hay que esperar más que a escribir una frase y pulsar una tecla para que Internet nos responda de inmediato. Esperar es un atraso en un mundo que nos ofrece todo ahora.

Sin embargo, sucede que no todo en la vida se obtiene de inmediato. A menudo hay que esperar para lograr lo que queremos. La vida se parece más a un maratón que a los 50 metros lisos, a una carrera de fondo que a un sprint final.

Trabajo y paciencia

Conseguir un objetivo implica planificación y trabajo constante. Tiempo, motivación y esfuerzo que se verán compensados con creces al llegar a la meta.

La gratificación final es mucho mayor que la del objetivo conseguido: se añade la íntima satisfacción de haber superado todas las dificultades que surgieron en el trayecto y el orgullo de haberse mantenido firme hasta el final, pese a todo.

Pero la espera duele. Y en un mundo donde la inmediatez nos anestesia, pocas son las personas dispuestas a esperar, a posponer un logro, frente a aquéllas que exigen tenerlo todo rápido, ya y sin esfuerzo.

Es la baza que juegan los que venden ilusiones enlatadas a precio de oro, remedios mágicos en forma de cremas, salud en forma de píldoras, juventud a base de bisturí.

Soluciones inmediatas que cumplen lo que prometen por un instante, el de la ilusión, y que después nos devuelven la frustración que intentábamos borrar como una bofetada, y multiplicada por dos.

Ningún niño aprendió a andar en unas horas, ni a leer en un día, ni a escribir en un minuto.

Todas las capacidades que poseemos son una combinación de tiempo, esfuerzo y repetición y ésa es la fórmula que nos permite adquirir y afianzar nuevas habilidades y conseguir nuevos logros.

Lo intrínsecamente humano es el pensamiento. La superación. Lo rápido, fácil y sin esfuerzo es una quimera, una estrategia publicitaria que juega con la fantasía de que podemos obtener lo que buscamos sin hacer nada, cómodamente sentados en el sofá, en un instante.

Pero pronto esa ilusión se esfuma, dejándonos paso a nosotros mismos y a nuestras circunstancias, demostrando que la única verdad es la que logramos cada uno de nosotros al tomar las riendas de nuestra vida empleando tiempo y esfuerzo.