Tú vales mucho, aunque “eso” no te salga a la primera

Hay por ahí personas valiosas, nobles e inteligentes que dudan de su propio valor cuando se enfrentan a actividades que no se les dan del todo bien.

Personas que se frustran al ver que otros progresan más rápidamente en alguna cosa, mientras que a ellas eso mismo se les hace muy cuesta arriba.

No importa que hablemos de actividades de la vida diaria, laborales o de simples hobbies. Algunas se nos dan divinamente y con otras vamos más despacio. Nos pasa a todos, sin excepción.

Que algo no salga a la primera (o puede que ni a la cuarta), ¿es una razón para dudar de nuestro propio valor como personas?

No, claro que no.

cocinar

Te pongo el ejemplo que tengo más cerca: el mío propio. Hay docenas de actividades en las que, si me comparo con otras personas, avanzo muy lentamente. Entre ellas, cocinar y conducir, por no alargar la lista hasta el éxtasis.

Pero, por numerosas que sean, no me siento una persona “inferior” a cualquier otra. Sé que valgo mucho, aunque me falten infinidad de cosas por aprender (y que otros ya saben); e independientemente de que necesite más horas de entrenamiento, de que cometa más errores y de todo lo demás.

Yo valgo mucho y tú vales mucho. Y quien se atreva a dudarlo porque nos salga mal una tortilla de patatas es un cretino (que también vale lo suyo, aunque le quede un poco más por aprender que a nosotros).

Ideas para enfrentarte a eso que se te da mal

La manera más sencilla de evitar las frustraciones que nos generan esas actividades que nos resultan difíciles es dejar de hacerlas. Nos concentramos únicamente en aquello que se nos da bien y así nunca sentiremos la menor decepción.

Lamentablemente, es la peor idea de todas.

1. Porque hay actividades que, por mal que se te den, has de hacerlas con cierta frecuencia. No hay alternativa. Forman parte de tu quehacer diario. Como cocinar, en caso de que no haya nadie que lo haga por ti.

2. Porque algunas de ellas, aunque las detestes, te hacen ganar en autonomía. Como conducir o aprender a manejar algún endiablado aparato.

3. Porque no vas a privarte de hacer algo que te gusta (bailar, por ejemplo) sólo por no se te dé divinamente.

 

Descartándola por esos tres motivos, nos quedamos con éstas otras:

Deshazte del perfeccionismo y sé más amable contigo.

– Cuando cometas errores, escucha a esa voz interior que te dice: “Qué torpe eres” y dile tú que calladita está más guapa, porque no lleva razón.

– Recuérdate a menudo que ya eres valioso y que no necesitas ser mejor que alguien en esto o aquello. ¿O acaso te hará mejor persona?

Pásalo bien. Si algo te gusta, disfrutar haciéndolo es lo más importante (aunque no te vayan a dar un premio por ello).

Quédate con lo que importa: Con cada paso que avances, con lo útil de los aciertos y errores, con su repercusión en tu vida.

– Mira cada limitación no como algo que te resta valor, sino como una invitación para aprender, para superar miedos y hacerte más fuerte.