El lado positivo del pesimismo

El pesimismo también acarrea sus beneficios, porque de lo contrario un buen número de pesimistas se pasarían a las filas del optimismo.

Si bien tales beneficios no son tantos como los que extraen los optimistas de su actitud positiva, vamos a considerar los más reseñables para comprender porqué hay pesimistas que siguen siéndolo, habitual u ocasionalmente.

La prudencia, gran virtud

Un pesimista concede más importancia a los riesgos que un optimista. Luego, queda claro que esta actitud le mantendrá a salvo de cometer locuras, por ejemplo, relacionadas con el juego y las apuestas.

entre la gente

Un optimista inconsciente lo más seguro es que se empeñe en seguir probando su suerte con el convencimiento de que al final ganará. (Relacionado: Prejuicios optimistas.)

El pesimista, en cambio, es más cuidadoso cuando los recursos (o las oportunidades) son limitados y puede perderlos. Y esto, según la ciencia, es una ventaja.

En sus objetivos vitales, con el mismo propósito de minimizar riesgos, el pesimista investiga y planea con mucha minuciosidad. Estudia la situación desde todos los ángulos posibles, tratando de identificar cada una de las variables que pueden ocasionar una pérdida.

Expectativas no defraudadas

Un optimista (también de los inconscientes) puede llevarse cientos de bofetadas por cortesía de la realidad.

Confía alegremente en quien no debe, sobreestima sus capacidades o cree que cualquier situación se resolverá a su favor. ¿Por qué? Porque está mentalmente alineado con el éxito y con todo lo positivo.

Ay, pobre ingenuo. Sus altas expectativas harán que más de una vez se le derrumbe el castillo de naipes. Cosa que al pesimista no le pasará.

El pesimista, que es más desconfiado y escéptico, modera sus expectativas e incluso ya anticipa qué hará en el caso de que ocurra lo peor.

Y, si no ocurre lo peor, suspira aliviado y relativamente contento. Hemos de resaltar “relativamente”, porque un pesimista de los buenos le pone pegas a cualquier resultado, aun siendo mejor de lo previsto.

Este tema lo analizamos con más detenimiento aquí: Las expectativas negativas no ayudan. Como puedes leer en ese post, decantándonos más hacia el lado de los optimistas.

Aunque, a fin de cuentas, a ti es a quien compete adoptar la actitud que consideres más conveniente.

pesimista

Relaciones de pareja menos decepcionantes

Esto tiene que ver con las expectativas negativas, pero lo mencionamos aparte para hacerle un hueco propio al amor romántico.

Difícilmente una persona pesimista crea que va a encontrar a su media naranja, el amor perfecto y todas esas pamplinas que nos venden en el cine.

No sólo duda de que exista, sino que está convencido de que él/ella no tendrá la suerte de encontrarlo.

Por lo tanto, si no lo encuentra, no se decepciona. Si lo encuentra, sigue manteniendo bajas sus expectativas, sin idealizar a la persona de sus amores. Lo cual también es un alivio para dicha persona, que no siente la presión de convertirse en el amante perfecto.

Y, si la relación resulta un fiasco, tampoco se sorprende demasiado. Total, ya se lo esperaba… Antes que se recupera su corazoncito.

Capacidad de apreciación

Hay pesimistas (no todos) que tienen más facilidad que los optimistas a la hora de apreciar lo bueno que tienen en sus vidas. ( – ¿Y si mañana lo pierdo?, pueden preguntarse.)

Podemos encontrarnos con un optimista, que está metido en infinidad de proyectos y muy esperanzado con el futuro. Tanto, que deja de mirar lo bueno que tiene ahora mismo, en el presente.

Y puede que con un pesimista que, como no piensa tanto en las glorias de mañana, esté más centrado en apreciar y conservar lo que es valioso.

Conclusiones

Unas gotitas de prudencia y sentido común no nos hacen ningún mal. Si a esto se le llama pesimismo, lo suyo es echárselo a la vida como la sal a las comidas, sin pasarse.

El optimismo razonable sigue siendo más beneficioso para la salud, por muchos beneficios que resaltemos del pesimismo.

Algo malo puede ocurrir en cualquier momento, sí. Pero no por eso nos vamos a privar de perseguir nuestros objetivos, de probar cosas nuevas, y de fijarnos en las soluciones y en las oportunidades que salen al paso. Ése es el optimismo que nos interesa, ¿o no?