Extiende tu actitud positiva alrededor

Que la actitud se contagia fácilmente es algo que habrás comprobado. Te encuentras con alguien en casa, en el trabajo o incluso por teléfono y captas la energía de esa persona. Sabes si está de buen humor, de mal humor… o puede que de ninguno.

No sólo eso, sino que se da una especie de “transferencia de ánimos”. Tú transmites tu actitud y, como si fuera una fragancia, te impregnas con la de la otra persona.

Es natural que no estés positivo y de buen ánimo todo el tiempo. Eso lo sabes. Y, también, que una forma de recuperar la chispa es relacionarte con gente que irradie energía positiva.

Del mismo modo, sabes que si acostumbras a rodearte de gente muy negativa puedes ir olvidándote de la chispa. Quienes hacen de la negatividad su bandera habitual te dejan la energía por los suelos y un regusto variado en la boca de tristeza, dudas, ira… y sabores similares.

extiende tu actitud positiva

En tu mano está, pues:

  • Relacionarte con personas que te hagan sentir bien contigo mismo y que te ayuden a ver el lado positivo de las cosas.
  • Identificar las actitudes negativas que te rodean y combatirlas impidiendo que calen en ti.
  • Y (lo que vamos a ver ahora) convertirte tú mismo en una fuente inspiradora, que contagie su buena energía.

Así es que, si hoy estás de buen ánimo, no te lo guardes y sé generoso compartiéndolo. Quienes estamos a tu lado lo vamos a agradecer enormemente.

¿Cómo lo haces? También sabes esto, seguro.

Ideas para contagiar tu actitud positiva

  • Sonríe. (Es un gesto altamente contagioso.)
  • Dedica alguna palabra amable a quien te encuentres.
  • ¿Y si compartes una canción o alguna frase de ésas que suben el ánimo?
  • Hazle alguna mueca simpática a ese colega que parece mustio.
  • Sé espontáneo con tu generosidad. Por ejemplo, echándole un cable a un conocido que lo necesite o dejando una nota a alguien que no lo espere.
  • Haz lo que haces con gusto… y deja que te miren. El entusiasmo “se pega” rápido.
  • Comparte una actividad que te haga feliz. Quizás, tomarte ese cafecito reconfortante a media tarde.

Eso, como ejemplo. Seguro que a ti se te ocurren muchos más.

¿Te parecen gestos insignificantes? Pues ninguno lo es. Cada uno de ellos influye en la actitud de las personas que están contigo.

Y, no sólo en la suya. Porque al propagar tu actitud positiva alrededor ésta revierte sobre ti, fortaleciéndose.

Hoy tienes la oportunidad de sentirte mejor y de contagiar esa buena energía. Y yo, claro. Porque, aunque hable en segunda persona, es una misión a la que pienso apuntarme.

¿Te parece que lo hagamos juntos?