3 Buenos momentos para meditar

La meditación, explicado del modo más simple, consiste en concentrarte en la respiración y en las sensaciones que estás experimentando en un momento dado.

Para hacerlo más fácil, hay quien vacía su mente de todo pensamiento y se concentra en un sonido (que puede recrear en su cabeza) o en un “mantra” (frase), que repite para evitar que por la mente salten alegremente otros pensamientos que estropeen su estado de calma.

Esta actividad es muy útil para combatir el estrés. Ya que, si estás acostumbrado a practicarla, puedes evocar esas sensaciones de calma en esas situaciones en las que estás tenso o agobiado.

Y, además de lo anterior, los estudios también han relacionado la práctica de la meditación con una mejora en la memoria y en el control de la atención. (Estudio)

momentos de meditación

  • ¿Tienes que practicarlo unas cuantas horas cada día?

No. Tan sólo con 10 minutos diarios puedes notar sus beneficios.

  • ¿Tienes que estar sentado o acostado para inducir al cuerpo a ese estado de tranquilidad?

Hay posturas que facilitan la meditación, especialmente si no se tiene la costumbre de practicarla. Pero no es estrictamente necesario sentarse o quedarse quieto para meditar.

A modo de propuesta, aquí tienes 3 momentos cotidianos en los que puedes practicarla:

Meditar a la hora de la comida

Cuando estés comiendo, concéntrate en el proceso. Presta atención a cada bocado, por pequeño que sea. Observa el recorrido que siguen los alimentos desde el plato hasta tu boca. Degusta la comida. Trata de identificar cada sabor, cada textura, cada sensación…

Disfruta del momento cuanto puedas. Ésta, la hora de la comida, puedes convertirla en un espacio de disfrute, que además sea una tranquila pausa, un descanso donde tomen fuerza tanto el cuerpo como la mente.

Meditar dando un paseo

Caminar es un ejercicio que, además de los conocidos para el cuerpo, acarrea beneficios para la mente. ¿Quieres mejorar tu concentración o sentirte mejor anímicamente? Simplemente, camina.

En esta “caminata meditativa” (llamémosla así) ve despacio. No hay prisa. Céntrate únicamente en dar un paso; luego, otro. Nada más.

Mantén tu mirada al frente, mientras tratas de concentrarte en cada movimiento que realizas.

Meditar haciendo otro ejercicio físico

Aquí se requiere un cambio de mentalidad. Muchas veces el ejercicio físico queda reducido a una serie de movimientos mecánicos y repetitivos, cuyo fin es… ¿adelgazar?, ¿tonificar?, ¿ganar músculo?…

Está bien. Pero esto se haría menos pesado si te concentras en lo que estás sintiendo cada vez que realizas un movimiento. En cómo respiras, en cómo se mueven tus músculos y en las sensaciones agradables que vas experimentando.

Deja de pensar en qué vas a preparar para la cena mientras pierdes la cuenta de las flexiones que has hecho y vive plenamente también ese momento. ¿Qué te parece?

Lo cierto es que puedes aprovechar cualquier momento cotidiano que elijas para meditar, para entrar en un estado de plena consciencia y envolverte en esa calma.

¿Te apuntas?