Prever la falta de motivación

Todo lo que sube, baja. Y esto también se cumple para la motivación.

Cuántas veces habrás empezado con entusiasmo a trabajar en un objetivo, para ver que tras un tiempo (corto o largo) la motivación inicial se evapora

Lo mismo me ha pasado a mí. Por mucha ilusión con la que partamos, en algún momento experimentamos un bajón de ánimos que, en el peor de los casos, nos hace abandonar el objetivo.

Sin embargo, con un poquito de reflexión sobre el asunto podemos superar el bache. Porque, como ocurre con cualquier otra emoción, la clave para manejar esta situación está en racionalizarla.

Cuando comenzamos la aventura (una dieta nueva, un plan de ejercicios, un curso… o lo que sea) estamos eufóricos. Vemos los beneficios que podemos obtener antes que las dificultades. Nos empleamos a fondo. Y, quizás, pensamos que toda esa energía permanecerá imperturbable hasta el final.

sin motivación

Pero no es así. Por muy optimista que sea el punto de partida; por muchas ganas o necesidad que tengamos de llegar al objetivo; por mucho que nos guste; por duro que trabajemos… llega el bajón de ánimos tras llevar un tiempo en marcha.

Bajón que puede ser más crítico cuando no conseguimos los resultados esperados o encontramos más problemas de la cuenta en el camino.

La energía disminuye. La motivación se agota.

En ese momento, la emoción que experimentamos no tiene nada que ver con la alegría del inicio.

Estamos cansados y, como suele ocurrir, el cansancio nos hace verlo todo más negro. Tristeza, frustración, decepción, aburrimiento… ¿Cómo hemos llegado ahí, con lo motivados que empezamos?

La negatividad se instala: Esto no vale la pena. No voy a ser capaz. Ya estoy harto

Pero, ¿sabes qué es lo bueno? Que eso también es temporal. Hay subidas y hay bajadas.

Por eso es bueno tenerlas en cuenta desde el inicio. Para que, cuando lleguen, no supongan una sorpresa y contemos con recursos para afrontarlas.

Muchos de esos recursos ya los conoces. No sólo porque aquí hemos hablado bastante de ellos, sino porque habrás vivido esta experiencia en primera persona.

No obstante, repasemos algunos.

Seguir adelante cuando la motivación se agota

1. Averigua la verdadera razón. Date un tiempo para reflexionar sin la nube negra sobre tu cabeza: ¿Por qué he perdido la motivación?

2. Recuérdate con frecuencia porqué quieres conseguir el objetivo. Si vale la pena, ¡sigue!

3. No esperes a estar preparado o inspirado. Lánzate. La motivación no lo es todo: Échale fuerza de voluntad.

4. Construye hábitos que te ahorren esfuerzos innecesarios. Por ejemplo: Si quieres hacer ejercicio, hazlo cada día a la hora que fijes. Sin pensar, sin excusas y aunque no tengas ganas. Cada vez irás dependiendo menos, tanto de la fuerza de voluntad como de la motivación. Y los resultados aparecerán.

5. Si, aun así, la cosa no marcha piensa en si no te estarás saboteando a ti mismo… En caso de que esté ocurriendo, ponle remedio. Que ya bastante hay con los problemas y dificultades del camino.

Cuando la motivación vuelva a estar en alza, todo será más fácil. Pero tú ya estás preparado para afrontar los bajones… y repostar combustible.