Asalto al refrigerador: Consejos para combatir los antojos nocturnos

Imagina la situación: Es de noche. Estás aún despierto en la cama, preparado para que llegue el sueño. Pero, de repente, eres golpeado por un hambre feroz.

frigorificoNo te resistes a la tentación y vas rápidamente a hacerle una visita al frigorífico, a pesar de que sabes que las consecuencias de esto no son agradables.

Pensando en esto, aquí te ofrecemos propuestas para ayudarte a controlar la ansiedad y detener esos antojos nocturnos, antes de que vayas a asaltar la cocina.

1. Cena ligero, pero lo suficiente

Muchas personas suelen saltarse la cena, con la idea de que esto les ayudara a bajar de peso.

Sin embargo, si durante el día no has comido lo suficiente, es natural que sientas más apetito entrada la noche. Y resistirse a él es más difícil.

Lo recomendable es que, un buen rato antes de dormir, cenes algo ligero y fácil de digerir; lo suficiente como para mantener ese apetito bajo control.

2. Mantente bien hidratado

A veces, el cerebro confunde la sensación de sed con el hambre. Luego, cuando sientas ese apetito nocturno, prueba a beber una taza de té, algo de zumo de frutas o, mejor, agua (quizás con unas gotitas de limón y hojas de menta).

A menudo, pasa la necesidad de comer en ese momento.

Aunque lo más recomendable es que te mantengas bien hidratado durante toda la jornada. Eso también te ayudará a no pasarte con la comida en horas diurnas.

3. ¿Sientes hambre o antojo?

No es raro sentir el impulso de comer cualquier cosa incluso cuando no tenemos hambre. Quizás los desencadenantes de dicho impulso sean el estrés, la ansiedad o la tristeza.

Así es que, cuando sientas esas ganas de lanzarte sobre la comida (y no hace demasiado rato que has comido), puedes hacerte la pregunta clave: ¿De verdad tengo hambre?

Si quieres comer, a pesar de no tener hambre, puedes reforzar tu capacidad para hacer frente a esas tentaciones. Mira estas ideas, por ejemplo: Técnicas para vencer tentaciones.

¡Ah! Y no te desesperes si no logras controlar el impulso o te resulta dificilísimo las primeras veces. Todo es cuestión de práctica.

4. Come siempre despacio

Comer con prisas o haciendo varias cosas a la vez, por extendida que esté, no es una buena costumbre.

Si ingieres los alimentos tan rápido, cuando tu estómago le envíe el mensaje de saciedad al cerebro, tú habrás comido más de lo que en realidad te apetecía.

Así es que, incluso cuando se trate de una comida ligera, tómate tu tiempo. Come despacio, saboreando la comida y atento a lo que te dice tu cuerpo.