Dejar atrás un pasado feliz

Después de atravesar una mala etapa, tratamos de curar las heridas. Perdonamos lo que haya que perdonar y seguimos adelante, aun con incontables cicatrices.

Pero a veces es al revés: Pasamos de una buena etapa a otra más difícil, más dura…

Nos resistimos al cambio y miramos atrás con nostalgia, intentando que esos buenos tiempos sigan vivos, que no se pierdan.

Añoramos la salud, la juventud, las experiencias y personas de antaño: Ojalá que todo pudiera ser como antes…

melancolía

En fin… Pongamos los pies en la tierra. Ya sabemos que no es posible volver el tiempo atrás. Pero también que no es buena idea aferrarse a los recuerdos cuando hay tanto por hacer partiendo del día de hoy.

Aunque no lo parezca, liberarse de un pasado feliz para hacer frente a las circunstancias actuales (mucho menos deseables, quizás), tiene sus ventajas.

Ventajas de dejar atrás los buenos tiempos

1. Más claridad:

Cuando recordamos sucesos pasados no lo hacemos con la precisión de un DVD. Si aquéllos fueron buenos tiempos, los idealizamos quedándonos en la memoria con una versión muy retocada.

En aquellos tiempos también había problemas, días difíciles… y todo lo demás. En realidad, el pasado no era tan “perfecto”.

Pero así lo hemos conservado, exagerando lo maravilloso que fue. Por lo que es natural que cualquier suceso acontecido en el presente no le llegue ni a la altura de los tobillos.

La pregunta: ¿Tiene sentido comparar lo que sucede ahora con un pasado divinamente distorsionado?

Claro que no. Por estupendo que fuera el pasado, también tuvo sus problemas. Y por aborrecible que sea el presente, éste tiene sus cosas buenas.

Quitándonos la nube nostálgica de los ojos, podremos verlas.

2. Más energía:

Vivir en el presente con la cabeza puesta en el pasado es agotador, porque estamos en dos sitios a la vez.

Suponte que estás cumpliendo con tus tareas de hoy y, constantemente, los pensamientos del ayer surgen en tu cabeza: Con lo bien que estaba yo antes, bla, bla, bla… En ese plan, no tarda en llegar el bajón (anímico y físico).

Solución: Prestar más atención al presente.

3. Mejor aprovechamiento de las experiencias actuales:

Naturalmente, si prestamos más atención al día de hoy, podremos sacarle más jugo. Cada día hay momentos que merece la pena disfrutar.

Cuando permanecemos instalados en el pasado, nos perdemos buena parte de lo que sucede ahora.

4. Intuición más aguzada:

Si vivimos más en el presente, captaremos más señales, más oportunidades para dirigirnos hacia el mañana que queremos.

5. Mejores expectativas hacia el futuro:

Ya no vemos el día de hoy como una basura, comparada con el pasado que quedó atrás. Lo vemos como una etapa en la que hay mucho por hacer.

Una etapa para fortalecerse, para construir y para vivirla plenamente.

Quizás, más adelante, miremos atrás y nos demos cuenta de lo valiosa que fue. Puede que no tan fulgurante como ese pasado tan estupendo… Pero, ¿qué necesidad hay de comparar? Cada etapa tiene su valor.

Conclusiones:

Dejar el pasado feliz “en el pasado” es un regalo que nos hacemos a nosotros mismos (como ocurre con el perdón).

Un regalo que nos merecemos y que nos permitirá vivir más libre y plenamente las experiencias de hoy.

Eso no quita que, de vez en cuando, recordemos esos días tan bonitos del ayer con una sonrisa y con agradecimiento. Qué bueno que los vivimos…

Imagen de TwojStary