Retrato de un día que empieza mal

Despiertas sin que haya sonado la alarma. Precisamente hoy, tu vecino te invita a compartir el estruendo que ha organizado en casa a primerísima hora, que para luego es tarde.

Gruñes. Estás tan dormido que no se te ocurre aún ningún insulto. Miras el reloj y te das cuenta de que, en realidad, es más tarde de lo que pensabas.

¡Olvidaste conectar el despertador!

Das un brinco de la cama, medio mareado. No sólo no te va a dar tiempo de hacer unos tristes estiramientos, sino que además tienes que desayunar a la carrera, engullendo a toda prisa.

¡Corre, corre, corre!

mal despertar

Cumples con tus obligaciones domésticas a contrarreloj. Y mientras te apresuras como Indiana Jones perseguido por una roca gigante, te da por poner la televisión para ver qué te vas a encontrar hoy en la calle.

Lloverá. Hará frío. Y la atmósfera social todavía está peor que la meteorológica.

No has salido de casa y ya tienes el estrés por las nubes y menos ánimos que ese equipo de fútbol de tercera regional que siempre pierde en casa.

Uffff… Y lo que te queda. El día no ha hecho nada más que empezar. Qué asco.

¿Se puede revertir esta situación?

Ya comparamos los primeros pensamientos de la mañana con el desayuno. Si alimentas tu mente con “qué asco de vida”, lo más probable es que el resto del día sea un asco, efectivamente.

De acuerdo. El día ha empezado mal y tú estás hundido en las emociones más negativas jamás descritas. No puedes evitar sentirte así, pero sí puedes elegir lo que piensas y cómo te vas a comportar.

Tampoco hace falta que te obligues a creer que la vida es maravillosa. No hace falta tanto, porque lo mismo que hay días buenos los hay de éstos.

Lo que sí puedes hacer es pensar menos en lo mal que te sientes, en lo fastidioso, en lo horrible que te espera… Pensar menos y hacer más.

En definitiva, ponte manos a la obra sin darle vueltas a ese desayuno mental tan indigesto. Haz cosas.  Ocúpate. La energía irá brotando poco a poco.

Lo que estés haciendo hará que pienses en cosas diferentes. Y quizás el día te sorprenda con algún detalle alegre, quién sabe… Algo que no hubieras visto de haberle dado alas a todas esas emociones negativas de la mañana.

Sí, el día puede ser mejor de lo que tú pensabas. Y mañana tienes una nueva oportunidad para intentar lo que hoy no fue tan bien.

¡Venga! ¡Vamos arriba!