Baja autoestima y arrogancia: dos amiguitas peligrosas

Sabes que tu autoestima está sana cuando te miras (al espejo o dentro de ti) y respetas lo que ves; lo aceptas, aunque sepas que hay algo o bastante que mejorar. Eso no te impide quererte a ti mismo.

Te quieres, a pesar de los defectos, de los errores y de las carencias. ¿Dirías que esto es una falta de modestia?

Aunque te parezca chocante, puede haber más falta de humildad y de modestia en la baja autoestima. En personas que no se aceptan tal y como son, porque la realidad no cubre sus altas expectativas.

Lo que ven no les basta y sienten que deberían estar “por arriba”. Por lo que, para aceptarse a sí mismos, descartan la sencillez y la humildad, prefiriendo construir una imagen falsa más aceptable.

autoestima sana

La vanidad y la arrogancia no son autoestima

No tienen porqué serlo. Más bien, podría ser justo lo contrario. Alguien con baja autoestima es más propenso a construir un “yo ideal”, que proyecte las características que desearía tener. Quien se quiere tal y como es no necesita hacer esto.

Más diferencias:

1) Las virtudes impostadas (o exageradas) necesitan de reafirmación continua, cosa que no siempre brinda el entorno. Por lo que la decepción es más frecuente en una persona arrogante, que en una que se tiene por lo que es (ni más, ni menos).

2) Quien no quiere poner de manifiesto sus carencias, evita involucrarse en actividades que las saquen a la luz. Situación que no vive alguien que se acepta como es.

3) El vanidoso vive el fracaso o los fallos como una humillación. Para quien tiene una autoestima más realista no es que sean plato de buen gusto, pero no se los toma tan a la tremenda.

4) Al “fantasmilla” le cuesta más asumir la responsabilidad sobre sus propios fallos y, muy a menudo, se los endilga a otros.

5) La arrogancia, la soberbia, la vanidad, la prepotencia… se usan para proyectar una IMAGEN. La imagen ideal. La autoestima (sana) tiene más que ver con la realidad.

Hay personas a quienes les compensa construir esta imagen falsa. Después de todo, quizás logren parecerse a ella con el tiempo. Y quiénes somos nosotros para decidir si eso está mal o está bien…

A donde quiere llegar este post es a que “no es oro todo lo que reluce”. Las apariencias engañan. Una persona con baja autoestima no tiene porqué ser más humilde, sino que muchas veces es justo al contrario.

Si no, ¿para qué necesitaría la careta?