Vamos a combatir la plaga del spam

A diario convivimos con el “spam”. En Internet comenzaron a etiquetar así al clásico correo basura. Pero aquí le daremos un significado más amplio.

Me referiré a él como a ese tipo de mensajes no solicitados que irrumpen en nuestra realidad tratando de captar nuestra atención.

mucho spamCosa que incluye: e-mails basura; mensajes o llamadas telefónicas; comentarios en foros, blogs o a pie de calle; propaganda molesta, etc.

En definitiva, hablamos de ese tipo de recursos que “nos fuerzan” a hacerles caso, aun cuando no nos apetezca.

El spam está en todas partes. Vivimos entre spam. Todos lo hacemos y lo sufrimos (unos más y otros menos). Hasta nuestra propia mente nos “espamea” con pensamientos extraños cuando estamos tratando de concentrarnos en otra cosa.

Pero, por muy acostumbrados que estemos al spam, no deja de ser una invasión.

Retrato de una mañana “spammeada”

Esta mañana, mismamente, después de borrar unos cuantos comentarios que habían dejado en el blog (comentarios spam, por supuesto), me disponía a escribir el post del día.

El calor sofocante me lo estaba poniendo difícil. Y, ya que conseguí empezar a darle ritmo a los dedos, llaman al timbre como si trajeran la buena nueva del siglo. ¿Quién era?

Cuando fui a abrir, me encontré a un tipo gritando en plena calle: “¡Señora! Tengo tomates. Tengo sandías…” Había llamado al timbre de todas las casas, para situarse después en un punto visible de la acera compartiendo su mensaje con todas las vecinas.

Para mí, eso también es spam. Primitivo, pero spam. ¿Qué diferencia hay con el tecnológico?

Un rato más tarde, revisé el buzón de la casa y encontré más spam. El teléfono sonó y era spam. Salí a la calle, toda llena de spam. ¿Y en Internet? Qué te voy a contar. Como si no lo supieras…

¡Qué hartura!

Está bien. Seré respetuosa y no llamaré spam a determinadas campañas publicitarias que no desean ser tan intrusivas y molestas. Hay una gran diferencia entre quienes respetan a su audiencia potencial y no la atosigan, y los “spammeros” que actúan sin contemplaciones.

Pero, entre tanto mensaje que se empeña a lo largo del día en que le hagamos caso, una termina cansada. No sé tú. Yo sí me canso y termino considerándolo todo como spam. Es lo que hace la saturación…

Como queja, ya está bien. Ahora vamos con las soluciones.

¿Qué podemos hacer para defendernos del spam de cada día?

Nos quedaremos con ideas generales y ya abordaré temas concretos más adelante.

1. Desconectar.

Es enajenante prestar atención a todo aquello que la reclama. Puedes acabar como yo: Considerando un “spammer” hasta al niño que llega a venderme una papeleta para la rifa de fin de curso.

La cura para esto es sencilla: Reservar un ratito cada día libre de spam y de tanta confluencia de estímulos.

Puedes meditar, pasear, leer un libro apasionante o hacer calceta. Lo que tú quieras, siempre que estés metido de lleno en esa actividad relajante.

Descansa de los aparatos y del ruido constante, si te es posible, y disfruta de unos minutos de paz al día.

2. Usar herramientas.

spamCada tipo de spam conoce herramientas que lo minimizan o lo exterminan.

Familiarízate con los filtros y bloqueos que puedes emplear en aparatos o aplicaciones. Hay cientos de páginas en Internet que hablan de ellos, dependiendo de tu necesidad.

Ya te espameen en el blog, por correo, por teléfono… Google te socorrerá.

Para otros tipos de spam, ten también tus recursos a mano:

  • Por ejemplo, si te espamea tu vecina con chismes cuando te pilla en la calle, dile que tienes prisa.
  • Si te espamea el tipo de las sandías, no permitas que su intrusión te arruine la mañana. Relájate unos minutos y vuelve a la carga.
  • Si te espamea tu propia mente, lo mismo. Relájate o diviértete un poco. Muy probablemente lo necesites. Después, es más fácil que logres concentrarte.

Aprende a defenderte de tus principales fuentes de spam, de las que más te molesten a ti.

3. Manejar la atención.

Esto es más sencillo cuando introduces esos períodos de descanso a los que nos hemos referido.

Ten en cuenta que parte del spam (tecnológico) contiene virus o estafas, que pueden ocasionarte un problemón si no estás atento. ¡Cuidado con las trampas!

Al otro, al spam más benévolo, se trata de reconocerlo apenas se cuele en tu espacio, para poder desviar esa atención hasta otro punto.

Porque, cuando bajamos la guardia, nos fríen a mensajes publicitarios y a polución desinformativa. Nos atontan y cada vez tenemos menos capacidad (y menos ganas) de prestar atención a lo que realmente necesitamos prestársela.

¿Vamos a consentir que otros controlen nuestra atención? ¿Se lo vas a permitir tú?

¡No dejes que el spam se salga con la suya!

Imagen de Debbie Ohi

Comments

  1. Me gusto la manera de exponer lo del spam.
    Es verdad,nosotros tenemos el derecho de escoger lo que queremos escuchar.
    Gracias,por compartir.
    Saludos

    • Casandra - TBM says:

      Gracias a ti, Silvia. Con un poquito de práctica, iremos decidiendo nosotros qué es lo que merece la pena nuestra atención y qué no. 😉
      Un saludo!!