Cuando te sientes culpable tras recibir un regalo

A veces ocurre. Recibes un regalo y, en lugar de sentir una emoción positiva, predomina una negativa: te sientes culpable.

¿En qué situaciones ocurre esto? Son variadas. Entre las más comunes:

1. Cuando no puedes corresponder al gesto: Es costumbre devolver la atención a quien te hace un regalo.

Pero, quizás, tu presupuesto esté muy ajustado como para que puedas regalarle tú algo a esa persona. O puede que, simplemente, no te nazca hacerlo.

regalo de cumpleaños

2. Cuando piensas que la persona no debería haberse molestado: Especialmente, si el regalo es muy espléndido considerando la situación en la que se encuentra el “regalador”.

3. Cuando el regalo no te gusta: No te gusta o no lo puedes usar. Lo mismo quien te ha hecho el obsequio ha metido la pata hasta el fondo con el regalo.

¿Qué haces? ¿Lo usas a pesar de todo? ¿Lo devuelves? ¿Lo descambias?

Soluciones

1. Presumir la buena intención de quien da el regalo:

Habitualmente, quien da un regalo lo hace para expresar un sentimiento. Su finalidad no es incomodarte o que te veas obligado a corresponder. Tan sólo quiere verte feliz y se siente muy bien regalándote alguna cosilla.

Y la mejor manera de corresponder esta generosidad es también con generosidad.

Tú estás siendo generoso al recibir el regalo, porque dejas que la otra persona sienta que ha conseguido hacerte feliz.

2. Evitar el regalo:

Si tu intuición te dice que la persona no te está regalando para hacerte sentir bien, sino para conseguir algo a cambio, intenta esquivar el regalo. Así evitas el compromiso de corresponderle.

Si no puedes evitarlo (por la insistencia de esta persona), acéptalo. Dale las gracias cortésmente. PERO no te sientas culpable ni aceptes la obligación de darle algo en correspondencia.

Porque la intención primera de su regalo no es hacerte feliz, sino crear una obligación: manipularte. Si te sientes culpable y le das lo que quiere a cambio, él/ella ha ganado lo que quería.

3. Recuerda siempre…

  • Los regalos se hacen voluntariamente, sin esperar correspondencia por la otra parte. Si no puedes corresponder, no tienes porqué hacerlo.
  • Lo más valioso que puedes regalar eres tú mismo.
  • Los regalos se hacen para brindar una buena experiencia al receptor. La intención cuenta.
  • Un regalo no sustituye una disculpa, ni la reparación de un daño. No tienes porqué olvidar instantáneamente una ofensa grave a cambio de un regalo.
  • Y tampoco tienes porqué usar un regalo que no te gusta, ni porqué guardarlo toda la vida en casa.
  • Recibir un regalo es siempre una experiencia alegre. Si no, no es un regalo.

Y ahora es cuando la culpa se va diluyendo… No tiene sentido que esté presente en un momento como éste. ¿O sí? ¿Se te ocurre alguna idea más para manejar esta situación?