Cuándo eliminar una tarea de tu lista

Con frecuencia, todos realizamos tareas que no nos apetece hacer. Ya nos ocupamos de dar ideas para abordarlas con una actitud positiva.

Nos pasa a todos. No siempre podemos estar haciendo sólo lo que nos gusta o sólo aquello que tenemos ganas de hacer. Por lo que es de esperar que cada uno tenga su propio estilo o estrategia a la hora de sacar adelante determinados compromisos y obligaciones.

Ahora bien. Hay una opción de la que no hemos hablado: Eliminar la tarea de la lista.

pila de papeles

Quitándola de un plumazo nos evitamos el mal rato, además de ahorrar tiempo y energías que podemos emplear en tareas más gratificantes.

Pero, ¿cuándo sabemos que podemos dejar de lado una tarea? Cuando eliminarla no suponga consecuencias negativas o éstas sean abismalmente inferiores al esfuerzo de realizarla.

Por ejemplo: Dedico un tiempo a la limpieza de la casa. Elijo distintas tareas para limpiar y ordenar mi espacio. Esto es necesario para mí, porque me siento mejor en un ambiente relativamente ordenado.

Pero, entre todas esas tareas, excluyo la de pasar dos horas abrillantando los pomos de las puertas. Mi bienestar mental no se va a resentir mucho porque descarte esta tarea por el momento. En su lugar, dedico ese tiempo a mi hobby.

Otro ejemplo: Dedico tiempo a mis relaciones personales, pero he sido invitada a una reunión a la que no me apetece asistir.

Valoro las consecuencias negativas de quitármela de en medio y son mucho más pequeñas que las de tener que sufrir ese tostón. ¿Voy a ir sólo por lo que puedan pensar? Pues, no… Prefiero ir a otro sitio.

La libertad de elegir

Merece la pena hacer lo que es importante, aunque haya que sacar ganas de donde no las hay.

Pero, entre todas las obligaciones que tenemos, en ocasiones se cuelan tareas que no son importantes. Y no está mal identificarlas y decidir sobre ellas, en lugar de hacerlas sin pensar.

El tiempo es un recurso muy valioso. Hemos de administrarlo con cuidado, procurando que no falte la ocasión de disfrutar haciendo esas tareas que más nos gustan.

Ojalá que no nos falte la sabiduría para distinguir aquello que realmente es importante de lo que, simplemente, lo parece.

Imagen de Sam Hames