La gota que colma el vaso del estrés

Una gotita más y el vaso del estrés acumulado comenzará a derramarse. ¿Sabes qué te digo? Bienvenida sea la gotita.

Hay veces en las que sólo una situación así de extrema puede hacernos reaccionar.

Son demasiados problemas, demasiadas preocupaciones y demasiadas cosas por hacer, hasta que llega la gota que lo desestabiliza todo: ¡Es el caos!

¿Cómo se puede sobrevivir a una situación tan desbordante?

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1. Aceptar lo que hay

Sí, mi vida está patas por alto. No doy pie con bola. Y, si me apuras, se me pueden ocurrir frases mucho más dramáticas para describirla.

Sé que lo que hoy va mal no tiene porqué ir a peor. No tiene porqué ser así mañana.

Hacer que las cosas tomen un nuevo rumbo o, simplemente, mirarlas de otro modo es mi responsabilidad. Puedo asumir otra actitud y sé que me conviene hacerlo. El asunto es que no me sale. ¿Por dónde empiezo?

2. Echar un vistazo a la agenda

Basta un simple vistazo para tomar conciencia de que mi agenda está superpoblada. Necesitaría superpoderes para cumplir con todo y con todos.

Obviamente, no los tengo. De ahí que una simple gotita desencadenara el caos. ¿Qué sigue?

3. Ordenar y priorizar

Al fin me he deshecho de mi primera impresión negativa: Mi vida NO es un caos. Ahora lo veo de otro modo: Me he cargado de asuntos que atender, o bien, no me estoy organizando en condiciones.

¿Qué tal el cambio de perspectiva? La situación es la misma, pero yo me estoy dando respuestas distintas. Y la segunda me convence más, porque ahí tomo el control: ¡Voy a organizarme de otra manera!

Voy a elegir cómo distribuir mi tiempo y mi atención. Prefiero hacer menos, pero bien hecho. Eso, sin olvidar lo que sigue…

4. Planear los descansos

Si no desconecto de vez en cuando, pasa lo que pasa… Me fatigo. Me saturo. Y llego a tal nivel que, cuando ocurre algo imprevisto, pierdo los estribos y cualquier resto de actitud positiva que me pudiera quedar.

¿Solución? No relegar los descansos al “tiempo que me sobre”. Éstos tienen que formar parte del plan, al lado de las actividades importantes.

Decidido. Incluiré algunas actividades relajantes: Más tiempo para jugar, para pasear y para disfrutar de las pequeñas cosas que suceden cada día.

5. Bajar el ritmo

Ya basta eso de derrochar la energía como si fuera inagotable. A partir de ahora la dosificaré mejor:

  • Menos tiempo en berrinches y en preocupaciones innecesarias.
  • Menos atascos haciendo varias cosas a la vez. ¡De una en una, please!
  • Menos prisas, que mañana sale el sol igualmente.

Más calma. Más atención a lo que estoy haciendo ahora. Va a tener razón el refrán de mi madre: “Vísteme despacio, que tengo prisa.” Porque el día cunde más de esta manera y no me desgasto ni me agobio tanto.

Ahora, sí. Más descansada, despejada y con algo de orden, siento nacer otra actitud: Claro que puedo manejar esto… y lo que me echen.

Lo apunto por si quieres probarlo:

Si te sientes inmerso en el caos, tómate un respiro para ver las cosas de otro modo y haz algún ajuste. Con el tiempo, quizás, hasta agradezcas que una gota rebosara el vaso, porque eso te hizo adoptar otra forma de vida más satisfactoria para ti.

Quién sabe… 🙂