Molesto contigo mismo por un despiste

¿Te molestas contigo mismo cuando cometes un error? Está bien. Eres una persona responsable y tiene sentido que tomes nota de lo que has hecho mal para enmendarlo.

La ira es una emoción muy útil cuando la empleas con esa finalidad.

No lo es, en cambio, cuando sólo sirve para sentirte mal, por lo que quizás haya sido sólo un despiste.

Si, por ejemplo, te enfadas contigo por derramar la leche en la cocina, por olvidar una fecha o por haber dicho justo lo menos apropiado en una conversación, vas a estar enfadado contigo media vida.

No es porque tú seas especialmente torpe, sino porque todos cometemos este tipo de errores con cierta frecuencia, especialmente si andamos algo estresados. Y, al andar estresados, más nos enfadamos, formando un círculo nocivo de cabreos interminables.

desastre en la cocina

Sé más amable contigo mismo y, si el error no ha tenido consecuencias desastrosas, ahórrate ese malestar. ¿Cómo hacerlo?

Pues, mira… Podrías probar así:

1. Reconoce la emoción

Has chamuscado la comida, precisamente hoy que tenías invitados. Una sensación incómoda se apodera de tu cuerpo: Sube tu temperatura a la par que tus ganas de arrojar la olla por la ventana.

En ese momento, reconócelo. Estás tan molesto, que no piensas con claridad.

2. Respira

La manera de que vuelvas a la calma más rápida y efectiva de todas es ésta: Respirar despacio y profundamente.

Si acostumbras a practicar ejercicios relajantes con regularidad o alguna actividad física, la vuelta a la calma será mucho más sencilla. Por eso recomendamos por aquí ese tipo de ejercicios. (Éstos, por ejemplo: 4 Ejercicios para relajarte respirando.)

Si no acostumbras, nunca es tarde para empezar. Este momento crítico también es bueno. Cierra los ojos unos instantes y, simplemente, respira.

3. Mira lo que te dices a ti mismo

Al observar la comida negra y humeante, no dejes que te salga en automático: “Soy un desastre.” Deja eso y, sobre todo, evita ahondar en el dramatismo de “No valgo para nada“.

Esos pensamientos no resuelven la situación. Son un auto-castigo, nada más. Y lo que necesitas para salir airoso es justo lo contrario: ¡Un poco de ánimos, caray!

4. Échale humor

Si puedes, contempla la escena de otro modo: con humor. Muchos errores no son tan horripilantes y, la verdad, la mayoría de nosotros fallamos más que una escopeta de feria.

Dale la vuelta a la situación e intenta buscarle su lado cómico. Probablemente lo tenga.

5. Limpia tu mente

Al fin, el brote iracundo va pasando. En lugar de retroalimentarlo pensando sin parar en: ¿Por qué ha pasado esto?, es hora de cambiarlo por: ¿Cómo voy a resolverlo?

Eso es. Vete a las soluciones. Habrá que improvisar algo para cuando lleguen los comensales, ¿no? Presta atención a ese punto, a cómo afrontar las consecuencias.

Después, ya evaluarás la situación con más calma, para intentar que una situación así no se produzca una vez más.

Espero que esto sea fácil de recordar en situaciones críticas. Por si acaso, simplifiquemos al máximo:

  1. Busca el modo de relajarte.
  2. Evita pensamientos dramáticos.
  3. Enfócate en las soluciones.

Ahorremos energía para otros momentos más duros, porque estos pequeños despistes y errores no merecen tanto desgaste. ¿Te parece?