Para cambiar de vida, toma el timón

Sabes que el cambio es inevitable por mucho que te aferres a una situación. De un modo u otro, el cambio llegará.

Pero quieres que ese cambio sea favorable, que vaya en la dirección que tú deseas, no basta con esperar o soñarlo. Has de tomar el timón con tus manos para navegar hacia donde tú quieres.

¿Cómo lo haces?

timón

Asumiendo tu responsabilidad

Porque también sabes que sólo tú eres responsable de tus propios actos y de tus sentimientos.

Los demás pueden influir, persuadir… Pero quien tiene la última palabra y quien verdaderamente decide eres tú.

Haciendo balance

Una vez que te haces cargo de esa responsabilidad, analizas tu situación presente.

Examinas de cerca cada área: salud, dinero, trabajo, relaciones, etc. Y llegas a la conclusión de que hay aspectos que te interesa mejorar.

Ordenando las ideas

Supongamos que eliges varias cosas que cambiar a mejor. ¿Te lanzas a cambiarlas todas de una vez? Eso ya has visto que no funciona.

Por tanto, las ordenas estableciendo prioridades y te quedas con una; la primera de la lista.

Explorando el objetivo

Has decidido enfocar tu energía en ese primer punto de la lista: tu primer objetivo.

Entonces, lo desgranas. Observas qué factores externos juegan ahí y qué actitudes tuyas están influyendo en la situación.

Suponte que muchas veces ir de compras supone para ti un suplicio. Vuelves a casa malhumorado, porque los dependientes se entretienen charlando entre ellos o con los clientes y tardan mucho en atenderte.

¿Cuál es el problema? Esos dependientes prefieren charlar a deslomarse trabajando. Pero ése no es tu problema (es un factor externo). El problema, quizás, es que eres algo tímido para alzar la voz:

¡Oiga! Cóbreme, que llevo prisa.

Fijando los pasos

Vencer la timidez, por ejemplo, es un gran objetivo. Muy bueno. Aunque, tú sabes, la timidez no se quita de golpe, sino poco a poco; realizando a diario gestos que ayuden a superar esos miedos.

Ahí es donde te vas fijando pequeñas metas, muy precisas.

En lugar de plantearte: A partir de hoy, seré extrovertido y dicharachero.

Te dices: En la reunión del fin de semana voy a hablar con tres personas que no conozca.

O, con otros objetivos…

En lugar de: Quiero tener un cuerpo como el de [insertar nombre de celebridad de anatomía escultural].

Tu plan es: Este mes voy a hacer ejercicio a diario.

Actuando

Al plan le sigue el trabajo. Tienes claro que, si deseas algo de veras, has de poner de tu parte para conseguirlo sin ponerlo todo en manos de la suerte.

Sabes que has de luchar, venciendo el miedo y la tentación de decir: “No puedo”.

Te centras en el paso que tienes justo delante y, a medida que avanzas, descubres que van cayendo esos límites que una vez pensaste que te detendrían.

Cuidando de ti mismo

Te has convertido en tu aliado, en tu amigo. Y, como haría un buen amigo, procuras tu bien.

Porque todo ese esfuerzo que realizas a diario no sería posible llevarlo a cabo si descuidas la salud de tu cuerpo y tu mente. De ahí sale la energía para toda esta travesía que estás emprendiendo.

Te ves llegando a puerto

Tus expectativas no son alocadas, poco realistas. Al contrario, sabes que eres capaz de alcanzar lo que te has propuesto. Porque estás trabajando en ello, avanzando a pesar de las tormentas.

Y te lo recuerdas a menudo para no abandonar justo antes de llegar a la orilla.

Llegarás. Claro que sí. Pero ahí no habrá terminado el viaje, porque poco después estarás embarcando hacia nuevo puerto.

¿En qué aguas navegarás esta vez?