Benditas situaciones incómodas

¿A quién le gustan las situaciones incómodas? Lo acostumbrado nos brinda seguridad y comodidad. Por eso nos resistimos a cambiar:

Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.

¡Ay, qué refrán más dañino…! Cuántas veces se cruza la oportunidad de lograr algo bueno y la esquivamos, sólo porque la situación es incómoda.

  • ¿Te atreves a expresar tus sentimientos al fontanero que te ha enamorado?
  • ¿Estás dispuesto a pedirle un aumento de sueldo al jefe?
  • ¿Vas a hablar con tu vecino para que deje de tirar cosas a tu patio?
  • ¿Te vas por tu cuenta de viaje a Canarias?

No, no… Qué miedo… Qué pasará si lo hago…

pájarosA mí esto me da bastante que pensar, porque soy una de esas criaturas que temen abandonar su amada zona de confort (que es como se llama ese pequeño universo conocido de cada quien).

Uno se acostumbra a determinadas cosas y le asusta aquello que no sabe manejar, que no está bajo su control y que puede salirle rana.

Quizás la zona de confort sea un cuchitril de mala muerte. Pero ahí nos quedamos, como ese pájaro que permanece en su jaula a pesar de tener la puerta abierta.

¡Vuela, pajarillo!

Sólo saliéndote de la jaula es como puedes aprender a volar.

  • ¿Da miedo? Si no has volado en mucho tiempo, da pavor.
  • ¿Tienes dudas? Muchas.
  • ¿Te darán ganas de echarte atrás? Probablemente.

Pero, muchas veces, no queda de otra que hacer frente a ese tipo de situaciones incómodas para conseguir lo que deseas.

Hay que atreverse a cruzar puertas, a asumir riesgos, a pisar terrenos desconocidos, por mucho que nos cueste… ¡e incluso si nos aterroriza la idea!

¿Y, por qué? Porque quedarse en la jaula es incluso más peligroso que volar.

¿No te lo has planteado? Corres el riesgo de estancarte y de que un día quieras salir y la puerta (la oportunidad) se haya cerrado para siempre.

Todo es riesgo

Así es que, puestos a aprovechar la aventura de la vida, bien nos vale ir saliéndonos de la jaula de tanto en tanto. Esto es: Atrevernos a intentar cosas diferentes por incómodas que resulten.

Sí, alguna vez nos perderemos o quizás nos demos un coscorrón antológico. Pero también aprenderemos más, viviremos más y, poco a poco, volaremos alto, que es lo que en realidad queremos hacer.