La vergüenza de fracasar

El fracaso no es plato de buen gusto. Por mucho que digamos que nos deja una lección útil y que nos hace más sabios para volver a la carga, a nadie le agrada cargar con los sentimientos de impotencia y frustración que genera el fracaso.

No nos apetece saborear la amargura. Y eso hace que, en ocasiones, dejemos pasar retos y oportunidades.

Prácticamente estamos convencidos de que vamos a estrellarnos.

A este miedo se le añade un elemento que puede ser decisivo: la repercusión social del fracaso.

anticipar el fracaso

Qué pensarán de mí…

Las experiencias que acompañan al fracaso no son únicamente la frustración, la decepción o ese disgusto indefinible que se siente. Tenemos otra: La vergüenza de fracasar.

¿Qué pensarán los demás? ¿Seremos menos valorados por otros? ¿Se burlarán? ¿Perderán interés en nosotros? ¿Les decepcionaremos?

Son muchos interrogantes aterradores o los suficientes como para evitar correr el riesgo de fracasar.

Pero esa “vergüenza” puede desmontarse. Pensemos en ello: Si tú quieres a una persona, ¿disminuye tu aprecio por ella cuando fracasa? ¿Te burlas? ¿Te sientes decepcionado?

Probablemente, si esa persona que fracasa es importante para ti, estarás a su lado en ese momento.

Las personas que importan

Muy a menudo, la reacción de las personas importantes para nosotros NO es la que nosotros pensamos que será al vernos fracasar. Al contrario, en ellas encontraremos un apoyo invaluable para seguir adelante.

O, en el supuesto de que no haya ninguna persona que crea en nosotros o nos apoye, siempre estará uno mismo, con su opinión, con su criterio y con la conciencia tranquila de haberse empleado a fondo.

Sí, habrá gente por ahí que nos considere perdedores o que haga mofa de nuestro fracaso. Pero, ¿acaso importa tanto su opinión?

Seamos realistas: No somos importantes para ellos. Si acaso, el chascarrillo del día. ¿Por qué vamos a darles un papel tan relevante en nuestra vida?

Si aprendemos a deshacernos de la presión innecesaria de quedar bien a los ojos de personas que ni nos van ni nos vienen, el miedo al fracaso mengua considerablemente.

No podemos privarnos de perseguir nuestros objetivos, ¡de vivir!, sólo por el miedo a qué pensarán otros si fracasamos. Que piensen lo que quieran, ¿no te parece?

Imagen de jurvetson

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