A ese amigo con el que nunca me pongo de acuerdo

Somos amigos, pero no por ello tenemos que pensar y sentir de manera idéntica.

Me siento a gusto a tu lado. Te respeto y me respetas. Confío en ti y tú también sabes que puedes contar conmigo.

Y, a pesar de las diferencias, prefiero tenerte a ti como amigo, que a gente que no tenga el coraje ni la honestidad de decirme lo que realmente piensa.

Que tengas una opinión distinta a la mía no te hace un mal amigo. Porque las discrepancias no son una falta de respeto. Son sólo puntos de vista distintos.

Y, mirándolo bien, esas discrepancias nos han hecho aprender juntos. Aprender a escucharnos, a situarnos en la posición del otro, a mirar las cosas de un modo diferente.

amigos

Si sólo tuviese amigos que coincidieran totalmente con mis opiniones y mis gustos, quizás no habría descubierto que las diferencias pueden unir tanto o más que las similitudes.

Gracias a esas diferencias, hoy nos escuchamos sin juzgarnos apresuradamente y hemos tomado conciencia de que cada persona tiene sus propias ideas y sentimientos, que son tan válidos como los nuestros.

Por eso mismo, aunque a veces pasemos horas discutiendo, me siento tan bien contigo. Porque en lo más básico coincidimos: en el respeto, en el cariño y en la confianza que cada día crece entre los dos.

Imagen de Juliana Coutinho