Lo haré porque quiero: Motivación autónoma

Veremos la diferencia entre lo que los psicólogos llaman motivación controlada y motivación autónoma.

¿A que sin necesidad de describirlas tú elegirías la segunda? Yo también.

Motivación controlada

dieta saludableSupongamos que piensas: “Debería comer más verdura.” Ese “debería” lo dice todo. Cierta gente te ha estado insistiendo en que eso es bueno para ti y tú te inclinas a hacer caso.

Te sientes obligado o un poco presionado por el entorno y, de ahí, surge el propósito de cambiar.

Sí, propósito solamente. Porque el “debería” no implica mucho compromiso. Yo, por ejemplo, llevo mucho diciendo: “Debería ir a la peluquería.” Y aquí me tienes, sin poner fecha y hora para hacerlo.

Reconozco que tengo el pelo con un estilismo que espanta. En este caso, nadie me ha dicho directamente que me ocupe de él. Pero cuando yo observo a mi alrededor que a la gente le importa mucho la cuestión del pelo, me “motivo” yo también. O, mejor dicho, me presiono.

Quizás a ti te pase igual con la alimentación, por ejemplo. Llegas a la conclusión de que sería bueno un cambio, cuando en tu entorno o en la televisión comienzas a ver que la gente se interesa por llevar una dieta saludable.

Qué horror. Todos esos mensajes coinciden en que tu alimentación a base de fritos y dulces es un desastre, aunque nadie te lo haya dicho a las claras.

Digamos que, si es así, el entorno ejerce una presión indirecta para que cambies. Porque quien, en última instancia, decide presionarse directamente eres tú: “Debería comer más sano, sí.”

¿Qué tiene todo esto en común? Que somos controlados por el entorno. Cambiamos, no porque nos apetezca, sino porque lo de alrededor presiona.

Motivación autónoma

Esta motivación es mucho más poderosa que la anterior, porque aquí no manda el entorno. Mandas tú. Tú tienes el control del cambio.

Aunque las razones para cambiar sean las mismas, existe una gran diferencia entre decir: “Debería comer sano” y “Quiero comer sano“. La segunda expresa una determinación personal más fuerte.

Por eso, a la hora de proponernos un cambio es bueno que elijamos las palabras más efectivas. El “debería” es como un “ya veremos cuándo lo hago”. El “quiero” suena a decisión tomada.

Y, si el salto desde el “debería” al “quiero” es muy grande, podemos emplear alguna palabra de tránsito. Por ejemplo, el “podría“, que nos invita a jugar mentalmente con la idea del cambio.

Yo podría comer más sano. Podría empezar por aquí… o por allá

Así, hasta llegar a la convicción más rotunda: ¡Sí! Eso es lo que quiero. Es lo que prefiero; lo que he elegido para mí.

Qué gran diferencia hay entre cambiar llevado por la presión y cambiar por una decisión personal… Lo segundo tiene más papeletas para el éxito.

[Fuente: ¿Should you change? Psychology Today.]