Ese tiempo en el que aún no te has decidido a cambiar

Cuando nos proponemos un cambio de hábitos o resolver un problema que nos ha acompañado durante un buen tiempo, atravesamos una serie de etapas o fases.

A menos que llegue nuestra hada madrina y nos resuelva la situación en un sacudir de varita, el proceso será más o menos largo.

Pues bien, ahora nos vamos a situar en la primera fase de todas. Ésa que los psicólogos llaman: precontemplación.

Pre-contemplando el cambio

Fíjate si será la inicial esa fase, que a la persona aún no se le ha pasado por la cabeza la idea de cambiar. No es consciente de su problema, no lo concibe como tal, niega ante los demás que lo sea o puede que esté resignada a su suerte.

tapa sus ojos

Pongamos, por ejemplo, que se trate de un fumador, que lleva media vida echando humo:

Sí, fumo. ¿Qué pasa? ¡De algo hay que morirse…!

Los demás le insisten en que su hábito es de los peores. Hasta las cajetillas de tabaco lo asustan con terribles imágenes. A ratos, dentro de él se pasean la culpa, la vergüenza, la frustración y la impotencia.

Aun así, no quiere dejar el hábito. No se ha planteado cambiar. Convive con esos sentimientos. A veces admite que está negando su problema… Pero ya está.

Aprovechar esta fase

En Psychology Today nos cuentan que, esta fase de precontemplación, habitualmente está aparejada a una falta de información.

Quizás, nuestro amigo fumador en este caso u otro amigo que esté cargando con un problema de años, no conoce lo suficiente. No sabe qué va a atravesar si decide cambiar. No tiene modelos de referencia. Plantearse el cambio supone adentrarse en un terreno totalmente desconocido.

Por eso, nos dejan estas recomendaciones, para aprovecharlas en esta fase donde la persona, ocasionalmente, quizás esté especulando con la idea de vivir de otra manera.

Amigo, esto va por ti:

1. Sin culpas ni lamentos, reconoce que, aunque tu situación no es la ideal, estás cómodo en este escalón porque es lo que conoces. Sabes cómo moverte en este punto.

2. Si se dio el caso de que una vez intentaste cambiar y fracasaste, reconoce también que muchas veces no se logran las cosas al primer intento. Hay que probar unas cuantas, hasta que sale.

3. Intenta ver qué te estás perdiendo o cómo está influyendo el problema en tu vida. ¿Cómo desearías que fuese? ¿Qué cosas harías que actualmente no haces?

4. Observa o acércate a personas que estén realizando cambios. Por ejemplo, a ese amigo que, ya de adulto, ha decidido matricularse en un centro para terminar la educación secundaria. Mira cómo viven ellos el cambio.

5. Lee, infórmate sin presionarte. Ya sea material informativo, educativo o experiencias que encuentres en Internet sobre personas que atravesaron o atraviesan una situación parecida a la tuya.

6. Sé consciente de que tú eres algo más que tu problema. Eres una persona con sus fortalezas, sus objetivos, etc. Y, como todas, también tienes problemas y retos que afrontar.

7. Sé amable contigo. Sé tu aliado. Esta fase del cambio es incómoda, difícil de llevar.

El último punto es muy importante. Antes de poner en marcha la maquinaria del cambio, suele pasarse por esta fase donde, simplemente, se fantasea o se baraja la posibilidad remota del mismo.

Pero ya mucho. Ahí es donde comienza a nacer el deseo de vivir un poco mejor, la esperanza y esa fuerza que se va a necesitar más adelante.