Recomendaciones para elegir buenas amistades

Encontrar a alguien con quien pasar el tiempo es relativamente sencillo. Fácilmente se puede construir una red de contactos superficiales para entretenerse o con otros fines.

Construir amistades es otra cosa. Y la dificultad comienza desde el mismo momento de elegir a esa persona junto a quien vamos a crecer.

Si elegimos un buen amigo, podemos construir una relación que beneficie a ambos.  En cambio, si elegimos mal, estaremos sembrando en un terreno que no dará buen fruto.

Ya sé que en estos temas es complicado simplificar. Sin embargo, ¿qué te parece si apuntamos algunas pautas para guiarnos a la hora de escoger bien a nuestros amigos?

amigos

Ten tu propio “standard de calidad”

¿Cómo te sientes en compañía de esa persona que tienes delante? ¿Te sientes desmotivado o, por el contrario, te sientes más feliz cuando compartes tiempo con él/ella?

Un amigo intenta sacar lo mejor de ti mismo. Te anima con tus objetivos, te brinda ayuda, llora a tu lado o se alegra de corazón por lo bueno que te pasa. Y tú actúas igualmente, por supuesto.

Si no ves que haya correspondencia, invierte tu confianza, tu cariño y tu energía en otra persona que se merezca todo eso.

[Relacionado: Amigos que no son tus amigos.]

Elige a alguien a quien quieras parecerte

Te guste o no, los amigos se influencian mutuamente. Tú te vuelves parecido a los amigos con quienes más te relacionas y a ellos también se les “pega” algo tuyo.

Esto no quiere decir que descartes tener relación con una persona que sea de una religión distinta, por ejemplo, o que tenga un hobby rarísimo. Claro que no.

Lo que quiere decir es que si tú quieres ser una persona noble, responsable, trabajadora, optimista… (o lo que sea que tú quieras ser), es mucho más fácil que lo logres si tienes amistad con personas que van en esa misma línea.

Comparte tiempo con tus amigos

Si no quieres que se enfríe la relación, encuentra tiempo para tus amigos.

Cierto es que los buenos amigos siempre están ahí, sin que haga falta que los llames a diario. Pero un poquito de regularidad es necesaria o, de vez en cuando, acordarte de llamar, de quedar para tomar algo con ellos… y esas cosas.

Todas las relaciones necesitan cuidados y la amistad no es una excepción. Sin embargo, el esfuerzo de cuidarla está más que compensado por los beneficios que supone para quienes están unidos por este nexo.

Oh! La amistad… Esa relación altruista, en la que los involucrados comparten experiencias y velan por su respectivo bienestar.

Encontrar a alguien que merezca el título de “amigo” puede llevar tiempo, pero qué tiempo más bien invertido…

Comments

  1. Alberto says:

    Son tres ideas que favorecen mucho al bienestar. Yo el concepto de “amigo” lo he definido “persona a la que no has visto en un tiempo y al reencontrarse es como si os hubiérais visto ayer”. Es señal inequívoca de amistad. Me ha pasado en algunas ocasiones, y notarla a pesar del tiempo transcurrido te aporta tranquilidad. Pero sí, las relaciones de amistad hay que alimentarlas de vez en cuando para que no se atrofien. Sin amigos hay soledad, con la soledad no hay vida social y sin vida social nos atrofiamos. Todo está conectado en esto de la psicología emocional.

    ¡Saludos!

    • Casandra - TBM says:

      Gracias, Alberto. 🙂 A mí también me ha pasado eso que dices. Conozco esa sensación. Hay veces en las que, por distintas circunstancias, podemos alejarnos de los amigos. Ciertamente, el reencuentro con ellos es como volver a estar en casa.

      Buena señal. Eso es que antes hemos cuidado muy bien de esa relación. Y, concuerdo también con tu última observación, es muy sano que sigamos haciéndolo.

      Un saludo!!