¿Y si nos quitamos el hábito de postergar?

Pensando en que la mayoría de lo que hacemos a diario está basado en nuestros hábitos (total o parcialmente), ¿no es hora de plantearnos cuáles nos benefician y cuáles nos están perjudicando?

Porque hay de todo, ¿eh?

Me temo que tanto tú como yo tenemos en nuestro repertorio hábitos positivos y saludables, hábitos que no son ni buenos ni malos y también alguno hay que sale sobrando de lo negativo que es.

En esta ocasión nos referimos al hábito de postergar (o procrastinar) como uno de los más dañinos en lo tocante al progreso en nuestras metas personales y en la vida que queremos.

pasos

Mantenemos este hábito porque acarrea efectos positivos a corto plazo. De lo contrario, casi nadie procrastinaría.

Pero postergar la obligación para dedicarse a otra cosa más placentera tiene dos caras. Puede verse como un alivio y también como un fracaso temporal.

Es un alivio, porque momentáneamente nos quitamos la presión de encima. Y, aunque la palabra “fracaso” suene muy fuerte, también la podemos usar en este contexto. Porque hoy (temporalmente) hemos dejado pasar la oportunidad de construir lo que queremos.

Mañana lo hago

Dejarlo para mañana es una buena opción, siempre que lo que dejemos sea de poca importancia. Si lo que dejamos es algo realmente importante, no lo es tanto. Porque no tenemos la certeza de que tú y yo estemos ahí para recuperar ese día todo lo que hemos dejado de hacer. Imagínate que se acumula una lista muy larga…

Aprovecha el día de hoy; fíate del mañana lo menos posible. (Carpe diem). Horacio.

El día de hoy es todo cuanto tenemos. Y, aunque parezca uno de tantos, es un día importante. Es único e irrepetible.

Un día para aprovecharlo en lo que es importante, para disfrutarlo y para avanzar, por si mañana tenemos el privilegio de despertar de nuevo.

¿Nos quitamos la costumbre de procrastinar?

Ocasionalmente, todos procrastinamos. Tampoco es ningún drama. El problema es cuando lo hacemos continuamente. Ahí es donde la procrastinación se vuelve un hábito.

Y, cuanto más sigamos procrastinando, más sólido se vuelve dicho hábito y más difícil es deshacernos de él. Con el tiempo, uno se hace muy hábil poniendo excusas para no hacer lo que no quiere:

  • Esto es muy complicado.
  • Qué mal se me da…
  • Qué dolor de cabeza me está entrando…

¿Cuál es el modo de salir de ahí? Haciendo pequeños cambios. Porque si sólo te quedas pensando en que no te gusta postergar las cosas, pero no aplicas ningún truquillo para evitarlo… vas a seguir procrastinando. (Sí, lo sé por experiencia.)

¿Qué cambios? Échale un ojo a estas ideas anti-procrastinación, para empezar, si te interesa el tema. Verás que la mayoría son bastante asequibles.

Habrá que practicar (una y otra vez) ese tipo de acciones acciones que nos movilicen y empujen en sentido contrario al mal hábito de dejar las cosas para mañana. Bueno, cosas más difíciles hemos hecho.