7 Razones por las que eres vago

Se descartan males mayores. Tu cuerpo y tu mente funcionan como un reloj, por lo que no encuentras explicación a la pereza que se ha apoderado de ti.

No te fustigues, porque todos pasamos días o rachillas de vagancia. Pero si, para ponerle remedio, te interesa explorar alguna de estas causas, adelante.

Comentemos 7 razones frecuentes por las que una persona se deja vencer por la pereza y apuntemos hacia una solución apropiada para la mayoría de ellas.

1. Amor a la comodidad

Esta causa de pereza es muy popular. Simplemente, no te da la gana de pasar frío, de esforzarte o de pensar. Romper con el estado actual de placidez no es nada apetecible. Además, hay que ahorrar energía

Puedes poner las excusas que quieras. Hay veces en las que no te mueves porque no quieres. Y punto.

relajándose

2. La costumbre

Te has acostumbrado a ser vago. Y no sólo tú lo tienes asumido, sino que tu entorno te lo recuerda: “Anda ya… ¿Cómo va Juan a levantarse a las 8, con lo vago que es?

Es cuestión de un día decidas tirar esa etiqueta por la ventana y probar con costumbres distintas.

3. El cansancio

Aunque estés muy sano, si no cuidas tu cuerpo, éste llega un punto en el que protesta. La energía se agota. No duermes lo necesario, comes de pena, haces todos los días lo mismo, el sol no te da ni de casualidad, etc.

Es natural que no tengas ganas de cumplir con la obligación, que sucumbas a la pereza. Y el remedio ya deduces cuál es.

4. Las tareas pesadas

Tienes que enfrentarte a una tarea pesada e ingrata. Sólo pensarlo es abrumador.

No te sentirías así de desganado en caso de que se tratase de una tarea placentera, de una con notoria recompensa o de una que pudieras quitarte pronto de encima.

Aquí vienen los clásicos remedios de: dividir la tarea en trozos más pequeños, hacerla lo más amena posible y otros que ya vimos.

5. El miedo

Ésta es una de las causas más frecuentes, aunque parezca que no tiene relación con la pereza.

El miedo a hacerlo mal, a que no quede perfecto, al propio esfuerzo, a no saber desenvolverse una vez dentro de la tarea, etc.

Qué decirte… El miedo se vence plantándole cara.

6. La falta de progreso

Llevas mucho tiempo realizando una actividad y no observas resultados que te satisfagan en relación con todo lo que has invertido en ella.

Se entiende tu falta de motivación. Habría que analizar más de cerca si ha sido por inconsistencia, por una mala estrategia o por lo que fuera.

7. El entorno está en contra

A la gente de alrededor no le interesa lo tuyo y tampoco te anima. Peor todavía, lo que hacen es quitarte las poquitas ganas que tienes de trabajar.

¿Y si te relacionas más con otras personas? ¿Lo has pensado?

Solución efectiva: El hábito

Ésta no es la única solución a la pereza, pero sí es una bastante efectiva: Si lo que tienes que hacer es una tarea que se repite en el tiempo, construye un hábito. Ya sabes, eso que realizas sistemáticamente, que al principio te cuesta… y luego sale solo.

Construir un hábito lleva su tiempo. Pero, una vez consolidado, es la mejor arma para no depender tanto de la fuerza de voluntad ni de la motivación.

Haces lo que tienes que hacer en automático, sin miedo, sin excusas, sin pensarlo dos veces.

Y también puede ser una respuesta para el cansancio, cuando lo hayas acomodado en tu rutina, sin que el descanso ocupe el espacio de la obligación y viceversa.

Personalmente, sí me ha funcionado combatir la desgana con un puñadito de hábitos muy convenientes.

En caso de que no te convenza, aquí tienes más ideas y consejos, por si alguno te sirve para “desatascarte” en este momento: Superar la pereza.