Ideas para caminar del resentimiento al perdón

El resentimiento se produce cuando te sientes herido y dejas esa herida sin curar. No hablas de ella. Te callas. Y, mientras, esa herida abierta en tus sentimientos sigue doliendo, si es que no se hace mayor cada día…

Críticas, insultos, desprecios, errores… Cuando encierras todo eso dentro de ti, quien se castiga eres tú; quien sufre eres tú.

Por eso, el perdón es la salida más saludable para ti. Porque con el perdón dejas atrás el dolor.

De ahí que, principalmente por ti, te propongas recorrer el camino más o menos largo que existe entre el resentimiento y el perdón.

¿Quieres hacerlo pero te cuesta?

dejar salir el dolor

Expresa tus sentimientos

Para liberarte de los resentimientos, sácalos afuera. Observa de cerca todo eso que sientes: ¿Es ira? ¿Es decepción? ¿Indignación? ¿Qué es? ¿Por qué está ahí?

Sincérate contigo mismo y, después, si no lo hablas con una persona de tu confianza (que sería una estupenda idea), escríbelo, por ejemplo. La cosa es que encuentres una manera de sacar todo eso que está enterrado dentro de ti.

¿No te sale?

Muévete

Si estás muy herido, tremendamente molesto por algo que acaba de suceder, considera la opción de desfogarte con el ejercicio. Al liberar toda esa adrenalina pensarás con más claridad.

Sal a correr o a caminar a paso rápido. Es simple, pero efectivo.

¿Te sientes mejor? Cuando se templan las emociones, llega el momento en el que estás listo para darte las explicaciones que necesitas. Y también llega ese momento en el que estás preparado para hacer algo al respecto…

Toma la sartén por el mango

Además de ser tóxico para ti, el resentimiento puede convertirse en una jaula. Sé consciente de ello si te está ocurriendo.

Un ejemplo:

Pongamos que tu pareja te dejó a ti y ahora está conmigo. A mí me demuestras ese dolor girándome la cara para otro lado por la calle y llamándome a mis espaldas de todo menos bonita. Vale.

Se supone que ése es un castigo para mí. Puede que sí… o puede que a mí no me afecte lo más mínimo. Lo que es seguro es que es un castigo para ti, que cada vez que me ves sientes dolor, rabia… y no sé qué tantas cosas más.

Pero, como crees que “me estás castigando”, te quedas ahí, con ese malestar perpetuo.

Como dice el refrán: Además de cornudo, apaleado.

Por eso, si puedes y tienes la ocasión, habla con las personas hacia quienes albergas ese resentimiento. Hazlo con calma, sí, pero haciéndoles saber porqué tienes esa herida. Eso también ayuda a sanarla, desde luego.

Ten presente que perdonar no es olvidar, sino dejar que el dolor se marche y, tarde o temprano, llega el día en el que estás preparado para dejarlo atrás. En ese momento, no lo dudes: Perdona.

Hazlo por ti.

Imagen de square eyes

Comments

  1. Difícil tema éste.
    Muchas veces confundimos perdonar con justificar, quizás por eso no cuesta tanto y es cierto que el veneno te lo tragas tú, pero hasta que no empiezas a digerir la ofensa, el daño, el hecho, te duele tanto que el dolor pasa de la rabia a la ira y puede llegar al odio.
    La traición, el desengaño, la mentira … te pueden dejar totalmente hundido, personalmente mi particular “perdón” después de asimilar lo sucedido es situarlo en la distancia y ser lo más indiferente posible (ponerte el chubasquero, lo llamo yo), no esperar demasiado de esa persona y, aunque pueda parecer prepotente, convencerme de que el problema no es mío, sino suyo.
    Aún así, tengo verdaderos duelos personales con este tema.
    Gracias por tu día a día u un entrañable abrazo.

    • Casandra - TBM says:

      Hola, Malú! 🙂

      Sí que es un tema complicado el del perdón. Así, expuesto en unos cuantos símbolos fríos, parece más sencillo de lo que es. Y qué va…

      A mí me ha llevado años perdonar determinadas ofensas de los demás. También largos años perdonarme a mí misma por daños que yo hice en la vida de otras personas. Pero, como sugieres, el paso del tiempo nos permite mirar atrás con otra perspectiva y manejar esos sentimientos de otra manera.

      Porque, afortunadamente, el dolor va menguando y eso nos permite avanzar.

      Qué sería de nosotros sin perdonar… No quiero imaginar todas las heridas acumuladas, toda esa amargura cargada encima hasta nuestra hora final…

      Menos mal que existe el perdón para curarnos, aunque cada herida se cure de una manera. 🙂

      Muchísimas gracias por tu reflexión, chiquilla.

      Te mando un abrazote yo también. Feliz finde!! 😀

  2. carmen morella garcia rivas says:

    Cuando tienes un problema de mayor peso y no hayas que hacer lo mejor es ir a un psicologo,bastante hojas que volteo a la izquierda casi veinte anos estudiando en la universidad,y despues seguira estudiando tiene que ir con la ciencia actualizarse todo el tiempo,bueno me sali del temas,el te dara las herramientas necesarias para canalizar el problema un proceso largo depende de la persona alguna los superamos en tres cuatro meses como otra en un ano,pero si tienes que estar seguro para perdona te liberas tu no la persona que te traiciona esa es la que se siente mal,el que traiciona lo lleva dentro de si,digan lo que diga…….lo importante es como te sientas tu despues que perdones sientes una paz interior increible,perdonar no es olvidar.es recordar sin que te duela,experiencia que extraes positiva para ti y lo que no te ayuda sacalo de tu interior no te ayuda en ”nada”botalo exterminalo, y asi vive tu vida de la mejor manera que se puede…..se ”FELIZ”tenemos una sola vida y ”YA”vive y comparte con personas que tu sepas que vales tanto como ellas.,asi vivimos mejor con una paz interna ,espiritual de alma y corazon,eso es lo que proyectaras externamente….gracias por compartir tan importante relato clsq.-

    • Casandra - TBM says:

      Qué buen mensaje. Ya somos más quienes nos apuntamos a no guardar dentro tantos dolores; que luego todo eso sale de un modo u otro y pasa factura.

      Y gracias por esa buena recomendación de buscar ayuda del psicólogo, en caso de que sea necesario. Estos profesionales están para eso; para ayudarnos a recorrer ese tipo de caminos tan difíciles.

      Saludos, Carmen!