Poder para decidir

¿Qué está pasando? ¿Por qué me cuesta tanto abrirme camino? ¿Cómo puedo seguir adelante, si cada cosa que he intentado me ha salido mal?

No creas que eres el único que ha pasado por esa borrasca, ni el único al que le tocaron “malas cartas” en la jugada (valga el mal símil con la vida).

cartas

Efectivamente, tus cartas pueden ser flojas y, desde luego, hay personas más afortunadas, que tienen mucho mejores cartas que tú. ¿Vas a amargarte por eso?

Jugar con buenas cartas no tiene tanto mérito, como aprovechar lo mejor posible las que te han tocado (ya sean malas o buenas). Lo que cuenta más es la actitud de ir hacia adelante y el esfuerzo invertido.

Y, si a pesar de todo fracasaste, tómate tiempo para descansar y remontar, si tú quieres. Porque tú eres quien decide.

Tú tienes el poder para sumergirte en los abismos del dolor, para amargarte y creerte tu impotencia. Como también tienes el poder de no volver la vista atrás y alzar el vuelo hasta la cumbre.

Todo no lo deciden las cartas. Una buena parte la decides tú.

Tú decides cómo actuar cuando estás asustado, cuando te dan una puñalada por la espalda o cuando se desmorona lo que has construido. Tú decides si guardar resentimiento hacia la vida o deshacerte de él lo antes que puedas.

A pesar de las cartas que te tocaron y a pesar de las derrotas anteriores, tienes poder para decidir. ¿Quién, sino tú mismo, es dueño de tu destino?