Las preguntas que ayudan a encontrar soluciones

El optimista de esta historia, antes de serlo, solía hacerse las preguntas inadecuadas a la hora de enfrentarse a los obstáculos que encontraba en el camino: ¿Por qué me pasan a mí estas cosas? ¿Cómo es posible que tenga tan mala suerte?

Obviamente, cuando se respondía a esas preguntas no encontraba soluciones.

Lo que sí conseguía era ahondar en la negatividad, multiplicar las quejas y los temores.

Durante mucho tiempo siguió haciendo lo mismo.

Aunque, poco a poco, comenzó a darse cuenta de que con esa actitud, además, perdía un tiempo valioso que podría emplear de otro modo. ¿Otro modo? ¿Qué modo…?

cuestiona

Gracias a esas dudas, a nuestro protagonista se le ocurrió enfrentar de otra manera el nuevo problema que encontró en el camino.

En este caso, decidió hacerse otro tipo de preguntas: ¿Qué puedo aprender de esta situación? ¿Hay algo que tenga de bueno? ¿Qué pequeño paso podría dar hoy para empezar a resolverla?

¡Qué cambio! Ésas sí eran preguntas útiles, el tipo de preguntas que abrían la puerta de las posibilidades.

Comenzó a responderlas con calma. Y, sí, tenía miedo. Pero no lo alentó. Quiso concentrarse en explorar las pocas o muchas opciones que barajaba para comenzar a salir del problema.

Una vez que se decidió por el pequeño paso que daría en ese momento para resolver la situación, apretó los dientes e hizo lo más difícil: darlo lo antes que pudo.

Ese pequeño paso hizo que el miedo se tambaleara y los pasos que siguieron, lo derrotaron.

Y, en vista de que su nueva táctica era más efectiva que la anterior, comenzó a usarla más veces. Más y más, hasta que desterró definitivamente su antiguo modo de enfrentarse a los problemas y adoptó el nuevo, mucho más útil.

Recapitulemos. ¿Qué es lo que hizo este amigo?:

(1) Hacerse preguntas útiles para abordar la situación a resolver.
(2) No ahondar en preocupaciones vacías o dramas innecesarios.
(3) Explorar respuestas/soluciones para las preguntas que se hizo.
(4) Elegir la adecuada (o adecuadas) para pasar a la acción.
(5) Dar el primer paso con premura.

A día de hoy no tiene ni que pensarlo. Con ligeras variaciones de ese esquema es como suele enfrentarse a la mayoría de sus problemas. Sin embargo, algún día nos contará que tuvo que practicar bastante hasta que se acostumbró a usarlo por sistema.

No está mal, si valió la pena… ¿A ti qué te parece?