Comprar el equipo antes de construir el hábito

Compras una guitarra cara con el propósito de tocarla cada día. Al principio, así es. Pero, poco a poco, se desinfla el entusiasmo inicial y la guitarra queda guardada en su funda, en algún lugar de la casa.

Esto pasa con mucha frecuencia: Compramos unas buenas zapatillas para correr, pagamos la membresía en un gimnasio, nos hacemos con un curso estupendo para aprender un idioma nuevo, nos equipamos estupendamente para comenzar con un hobby… Etc.

Estamos ilusionados los primeros días y después perdemos el interés. Sucede a menudo (no siempre).

Lo que nos preguntamos es: ¿Por qué ocurre? ¿Hay alguna manera de evitar que la historia se repita?

a correr

¿Por qué, la desmotivación?

Si a ti te ha pasado algo así, no seas duro juzgándote. Veamos qué puede haber detrás de esto.

1) Buenas intenciones: Quieres mejorar un aspecto de tu vida: aprender a cocinar, ejercitarte a diario o lo que sea. La intención es buena, pero la vida es complicada.

Ese hábito nuevo que deseas ha de encontrar un hueco entre todo lo demás: las cosas que haces por obligación, las que haces por placer, las relaciones, el descanso, etc. ¿Cómo vas a encajarlo en tu día a día?

2) Hacerlo más fácil: Afianzar un hábito lleva su tiempo. Has de estar haciendo la misma cosa todos los días (uno o hasta dos meses seguidos, dependiendo de lo que se trate).

Que te compres un artilugio maravilloso para entrar en acción, no te garantiza que vayas a ser constante. Puede darte bríos para arrancar, pero… ¿y luego? ¿Estás dispuesto a esforzarte?

3) El empujón publicitario: La publicidad termina de convencerte: Es muy fácil. Con este maravilloso aparato, no necesitas más de 20 minutos al día para hacer… (cualquier cosa).

Ay, estos publicistas… Son tan convincentes que caes (caemos) y, como la intención es buena y parece que puedes conseguir fácilmente el objetivo, compras el producto que sea.

Soluciones: ¿Cómo evitar un gasto inútil?

Oye, que a veces funciona… Te compras un libro de cocina. Empiezas a practicar. En nada te entra el gusanillo y sigues adelante.

Eso es lo que a todos nos gustaría que pasara siempre. Ninguno compraría libros o un aparato de ejercicio que va a terminar cubierto de polvo en el desván. Y tú tampoco, claro.

Pues, para reducir las probabilidades de que eso ocurra, aquí van estas ideas. Tomaremos como ejemplo el hábito del ejercicio físico, pero pueden aplicarse a cualquier otro:

1) Introduce pequeñísimos cambios

En lugar de empezar “a lo grande”, con toda la rutina estructurada, comienza a acostumbrarte a lo nuevo haciéndolo lo más simple que puedas.

En este caso, dedicando cinco o diez minutos al ejercicio (o al hábito que sea). Todos los días, preferiblemente a la misma hora.

2) Usa el equipo mínimo

Si te es posible, usa lo que tienes a mano para empezar. Improvisa. Sé creativo.

Y, si no tienes equipo, vete a lo simple. En lugar de esas zapatillas carísimas, compra unas más económicas para empezar.

3) Hazle hueco en tu agenda

Conforme pasan los días, puedes ir aumentando el tiempo que le dedicas a ese nuevo hábito y, con ello, haciendo recorte en el tiempo que pasas haciendo otras cosas.

¿Menos rato viendo la tele, quizás? ¿Madrugar un poco más? Tú verás, según las actividades que realizas a diario.

4) Ten a la vista lo que necesitas

Que tu ropa y tus zapatillas estén siempre listas y junto a la cama.  Ahí o donde tú gustes, pero bien visibles, recordándote el “momento de la acción”.

Quien dice las zapatillas, dice la guitarra, el libro o cualquier otro objeto que esté asociado al hábito que quieres adquirir, para que no se te pase… ¡ni un día!

Conclusión: Es mucho más sencillo y ofrece mejores resultados comenzar a adquirir un hábito y después comprar un equipamiento alucinante, que hacerlo al revés.
Compruébalo si quieres.