Desmontando el miedo a hablar en público

Ya sea en un discurso, en una exposición oral o en un brindis en el que te cedan la palabra, te sientes incómodo hablando en público. Más que eso, te aterra.

Pues ve haciéndole la maleta a ese miedo que te ha acompañado hasta aquí, porque estás a punto de despacharlo. O, si no tanto, de menguarlo al tamaño de un liliputiense.

A ver, ¿a qué tienes miedo? ¿A ser el centro de atención? ¿Y quién te ha dicho que lo seas? Cuando hablas en público, tú no eres (necesariamente) el centro de atención.

Quizás para alguna persona, pero no para todas. Al público lo que le interesa es lo que le vas a contar. Tú, no tanto.

hablar en público

Esta sabia perspectiva nos la recuerda y recomienda Seth Godin, quien afirma que el orador temeroso comete dos errores frente al público:

  1. Creer que está siendo juzgado por los otros.
  2. Y creerse el centro del acontecimiento.

Esas creencias son las que amplifican el miedo a hablar en público. Y son las que has de despachar.

La gente está más pendiente de sí misma que de ti. Lo que quiere, en ese momento, es que les digas algo que les sirva: que les enseñe, que les entretenga, que les inspire… o vaya usted a saber.

Luego, la ocasión se presta más a que les des lo que esperan. Concéntrate en eso nada más.

En mi modesta experiencia he visto que este consejo funciona más allá de hablar en público. Puede extenderse a cualquier producción que, de tu mano, vaya a parar a cierto número de personas.

Quizás se trate de un informe, de un trabajo, de una obra artística o (del ejemplo que tengo más a mano) un blog. En esos casos cuesta menos desligarse de la situación, ya que no se coincide en el tiempo con el supuesto público, pero también podría causar inseguridad.

Dímelo a mí, que todavía me pongo nerviosa cuando publico las entradas. Pero, ¿a que a ti eso no te importa más que lo que escribo?

Lo que tú quieres (supongo) es leer algo que te sirva. Mis nervios son irrelevantes, ¿o no?

No está mal pensar recordarlo a menudo para poner coto a esas inseguridades: La mayoría de las personas están más pendientes de sí mismas y de lo que necesitan cuando tú eres quien está en el atril.

Imagen de Håkan Dahlström