¿Tienes 5 minutos?

Cinco minutos pueden parecer pocos. Es difícil poner excusas cuando sólo nos piden ese pequeño lapso de tiempo. Pero, ¿qué pasa cuando aumentan los solicitantes de esos cinco minutos?

¡Ah, no! Muchas tareas que realizamos a diario consumen eso: 5 ó 10 minutos. Y, que sean cortitas, no quiere decir que podamos hacerlas todas. Hay que elegir bien. ¿Te imaginas si no lo hacemos?

Cinco minutos… para regar las plantas, para responder una encuesta, para hacer unos ejercicios que reafirmen los glúteos, para atender una llamada o para avanzar en la lectura de un libro.

Si decimos que sí a todo o a todos los que nos piden esos cinco minutillos, vamos listos.

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— ¿Puedo interrumpirte? Sólo necesito cinco minutos de tu tiempo.
— No, compañero. Deja que termine esto y después te busco.

No hemos de contestar con urgencia porque nos digan que sólo son cinco minutos. Ni nos conviene atosigarnos con ocupaciones y ejercicios que “sólo” llevan cinco minutos.

Porque, sumando esos minutejos de aquí y de allá, sí son mucho tiempo. Y porque, inoportunamente colocados, esos cinco minutos dilatan el final de otra tarea (consumiendo al final mucho más de lo previsto).

¿Qué te parece si cuidamos bien de esos cinco minutos y los destinamos a lo que sea más interesante para cada uno?

A descansar, a leer, a conversar, a aprender una palabra nueva… A lo que sea. Si se trata de una actividad acumulativa, ¿te imaginas cuánto se puede avanzar en un año dedicando sólo cinco minutos al día?

Valoremos nuestro tiempo. ¡Son cinco minutazos!

Imagen de gothick_matt