Estrategias para tratar al amigo competitivo

La competencia es sana, divertida y hasta motivadora; alimenta el ingenio y nos impulsa a mejorar.

Hasta las personas a quienes no nos gusta competir, lo hacemos en alguna ocasión. Unas veces, para disfrutar (como cuando jugamos en familia); otras, porque no nos queda más remedio (a la hora de ligar o de buscar hueco en el mundo laboral).

A nosotros, a quienes no nos gusta estar midiendo quién sobresale más de aquí o de allá ni ver cómo podemos anular a Fulanito para ponernos delante, es a quienes más nos incomoda la situación de la que vamos a hablar: La competencia incesante de un amigo dispuesto a superar lo que haces.

Personalmente, a mí lo que me fastidia es la competencia excesiva o sucia. Los piques en un terreno o momento determinado no me afectan de mala manera.

No me importa si el amigo quiere ganar admiración y reconocimiento superando algo que yo haya hecho. Por ejemplo, si yo bato un record y él me bate a mí limpiamente, lo felicito y se gana también mi aplauso.

Cuando no se lo gana es si hace trampas, si me apuñala por la espalda… o si se empeña en convertir nuestra relación en una competición continua.

¿Se capta la diferencia entre un estilo competitivo y otro? Aquí nos vamos a ocupar del segundo, del más difícil de llevar. Vamos allá…

amigos competitivos

¿Cómo te relacionas con una persona tan competitiva?

1. Estrecha vínculos con gente cooperativa. Si tu estilo no es ser tan competitivo, elige a amigos que guarden más similitud con tu forma de actuar. Esto es, que prefieran colaborar, apoyarse… y no estén tan motivados por destacar sobre el resto.

Eso, en primera instancia. ¿Qué pasa si este amigo ya forma parte de tu vida?

2. Compréndelo. Lo que hay detrás de una persona hiper-competitiva es inseguridad, la mayor parte de las veces. El miedo a no ser lo suficientemente bueno lo impulsa a medirse y a intentar batir a quien está alrededor. Necesita pruebas que confirmen su valor.

3. Destaca sus puntos fuertes. Se trata de que no te vea a ti como un competidor, sino como un aliado. Recuérdale que lo aprecias, así como lo listo y preciosísimo que es, para que dirija sus esfuerzos competitivos hacia otra persona.

4. Evita temas delicados. Digamos que tu amigo siente envidia de tu éxito en el trabajo. ¿Qué haces? Procuras no hacer comentarios sobre el asunto. En general, evita hablar o mostrar aquello que va a despertar la bestia competitiva de tu amigo.

5. Cambia de conversación. Como quien no quiere la cosa, te encuentras hablando de uno de los asuntos que más “pican” a tu amigo. Le comentas lo bien que te va en tu nuevo trabajo y, para qué se te ocurrió abrir la boca…

El colega te está poniendo la cabeza como un bombo con lo re-bien que le va a él (o a ella). Mucho mejor que a ti, porque no hay quien le pare contando sus batallitas.

¿Solución? Cambia de tema. Queda un poco cortante, sí. Pero, con un poco de suerte, tu amigo captará que te cansa el relato de sus proezas.

6. Ignora su comportamiento. Que tu amigo sea competitivo no excluye que sea buena gente. Por algo forma parte de tu vida y le tienes cariño.

Si tu amigo quiere sentirse más guapo y más listo, déjalo. Ya puede decir lo que quiera mientras no te fastidie la existencia directamente. ¡Hala! Que presuma a gusto.

7. Habla con él/ella. Si no te sientes cómodo en la relación, sé honesto. Es preferible tener este tipo de conversaciones que ir guardando resentimiento y que la tensión se acumule.

Por ejemplo, si es el caso, le puedes decir que sabes que tu amistad le importa, pero que no te sientes escuchado cuando le hablas de tus logros en el trabajo.

Dile que te has dado cuenta de que enseguida te corta para ponerse a hablar de lo suyo, que también es importante, por supuesto. Y que no hay necesidad de destacar una cosa sobre otra… ¡cuando se pueden celebrar las dos!

¡Claro! Los dos os podéis alegrar de lo bueno que le suceda a cada uno. Ésta es la ventaja de las relaciones no contaminadas por la competición incesante.

Espero que algo de lo anterior te sirva. Si a tu amigo o amiga le encanta competir y a ti no te hace gracia, no tienes porqué entrar en el juego. Estás en tu derecho de ponerle un “hasta aquí”.

Imagen: Sappymoosetree cc