5 Ventajas de la vida simple

En mi tierra, cuando dicen que una comida está “simple” es porque le falta sal. Y, la verdad, tanto la comida como la vida misma saben mejor cuando no pecan de sosas y están condimentadas como cada uno prefiere.

Hablando de la vida, ¿cómo la prefieres tú? Para mí, está bien con su pizquita de sal. ¿Cuánta? La justa para que sepa bien y sea saludable.

Ésa es la vida simple a la que nos vamos a referir: La que tiene lo esencial, sin condimentos que la sobrecargan hasta que termina sabiendo a rayos.

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¿Qué ventajas tiene esta vida simple?

Llevar una vida simple no supone renuncias, sacrificios y aguantar con lo menos posible. Se trata de elegir qué es lo más importante para ti y dejar el resto en un segundo plano o fuera del todo.

Una vez que has seleccionado qué es lo que más te importa, observa en lo que puede traducirse…

1. Más tiempo para ti mismo

En tu selección (supongamos) se ha quedado fuera el empeño de complacer siempre a otros: Dices que NO a peticiones que no puedes o no deseas atender. Y cortas con la presión de quedar bien con todos.

Quitando ese “condimento” dispones de más tiempo para cuidar de ti y de las personas que te importan.

Hay otros condimentos de los que podrías prescindir. Por ejemplo, de la necesidad de tener tantas cosas materiales o de atender obligaciones y compromisos que ya han dejado de ser relevantes para ti.

Tú verás qué dejas y qué quitas…

2. Mayor aprecio del momento presente

Cuando eliges la vida simple, te quedas en el presente. Bastante saborcito tiene ya, como para estar pensando en lo que pudo haber sido y no fue o para elucubrar el peor de los futuros.

¿Que es difícil o amargo? Lo aceptas y ves cómo resolverlo. ¿Que es hermoso? Lo disfrutas sin que lo estropeen miedos y preocupaciones que, como condimentos, los hay mejores.

3. Más atención a lo que te rodea

Considerados los dos puntos anteriores, has recortado bastante estrés. Luego, estás más tranquilo; cosa que te permitirá contemplar la vida que te envuelve y observar tus sensaciones.

Prestas más atención al aire fresco que te revitaliza; al sol, al paisaje… y a toda la belleza “simple” que contiene lo que te rodea.

4. Menos propensión al drama

Sólo quitando el ingrediente dramático (o la parte que tú quieras del mismo) ya se nota la vida mucho más ligera.

Prescindes de cotilleos, comparaciones, quejas sin sentido, polémicas que no van a ninguna parte, etc. Pones algo de distancia entre tú y quien vive apegado al drama y al conflicto permanente… y enseguida sientes una tremenda paz.

Y, una vez que sabes la calma que se siente, eres menos propenso a volver a complicarte la vida por gusto. (Bueno, eso es lo que me pasó a mí…)

5. Menos ataduras

Menos ataduras, menos culpas y rencores, menos cosas accesorias de las que preocuparte… ¿En qué se traduce también? En la sensación de libertad.

Por si acaso, insisto en que simplificar la vida no es mandarlo todo a la porra, sino elegir lo esencial (lo que sea esencial para ti).

¿Y qué sentido tiene hacerlo?

Personalmente, pienso que hay que aprovechar el privilegio de estar vivos; saboreando los días y pasándolo lo mejor que se pueda. Por eso elijo este tipo de vida, sin esos condimentos que no me gustan. Así la disfruto más.

Lo dicho. Me quedo con una vida simple. (No sosa.)

¿Y tú? ¿Cómo condimentas la tuya?

Imagen de BC Gov Photos