Cuando te pasas dando explicaciones

Llego rauda a pedirte un favor. Como otras veces me has complacido, doy por hecho que esta vez harás lo mismo. Pero, ¡caramba! Esta vez vas a atender otros asuntos.

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¿Qué harías en ese caso? Si tu respuesta es que te disculparías conmigo por activa y por pasiva, dándome de paso detalladas explicaciones sobre porqué no puedes hacerme el favor, piénsalo dos veces.

Tú me acostumbraste a todas esas cosas…

A mí me cuesta poco pedirte el favor, porque tú me has enseñado que te lo puedo pedir. ¿Cómo? Dándome prioridad frente a otras ocupaciones.

En otras ocasiones, en lugar de dedicar la tarde a leer un buen libro y relajarte, preferiste echarme una mano. Me hiciste tu prioridad.

Lo agradecí y toda la cosa, pero ahora me creo con el derecho de pedirte que sigas haciendo lo mismo. A fin de cuentas, yo sé que ésa es tu hora de descanso.

¿Qué pasa si esta vez no te da la gana de renunciar a tu tiempo? ¿Quién soy yo para decir que tu tiempo de lectura importa menos que el que me puedas dedicar a mí?

Preparando las excusas y las explicaciones

En tu cabeza buscas qué vas a decirme para que no me sienta tan decepcionada. ¿Dirás que te ha surgido un compromiso importantísimo? ¿Elaborarás un rollo convincente para no herir mis sentimientos?

Dejemos el drama. Respira profundamente y piensa en esto:

1. Cuidar de ti no es egoísta. Es necesario. Necesitas cuidar de ti para poder cuidar de otros. En serio, yo no soy nadie para decidir que no te hace falta ese ratito de relax.

2. Tú no eres responsable de mis sentimientos. Si me siento mal ante tu negativa, es asunto mío. No tienes porqué pasarte dando explicaciones (verdaderas o falsas) para no herir mis sentimientos o para quedar bien.

Por suerte (después de tanto escribir sobre el tema) sé manejar el asunto y lo encajaré estupendamente. Pero, si no supiera, tampoco es tu problema.

3. Yo no soy responsable de tus sentimientos. Es decir, si te sientes culpable por no haberme complacido, es cosa tuya. En lugar de centrarte en lo mal que te sientes por no haberme ayudado, puedes elegir sentirte bien por estar ayudándote tú.

Cada uno es responsable de sus prioridades, de cómo las distribuye y, por supuesto, de sus sentimientos. (En tu vida mandas tú.)

Total, que puedes responder a mi petición de manera muy simple: Disculpa. Esta tarde no puedo. Necesito tomármela de relax. Otro día será.

No hace falta más. Si yo me pongo pejiguera y te hago sentir culpa u obligación para que me atiendas, enséñame a respetar tu tiempo, tu espacio, tus prioridades… Enséñame a respetarte a ti.

Porque cuando tienes la costumbre de dar y dar a los demás, dejando tus necesidades en segundo plano, nos estás enseñando que tú no eres tan importante.

Y nada de eso. Tú eres tan importante como el resto.

Imagen de ~Matt LightJam {Mattia Merlo}

Comments

  1. Miguel says:

    Potente, directo y valioso post, ¡muchas gracias!