Pequeños fracasos que te hacen reconsiderar tu plan

Tienes un objetivo personal. Tienes un plan. Trabajas en él durante los primeros días y todo va bien. Pasa el tiempo y, en un momento de descuido, encuentras un obstáculo y… ¡plofff! caes al suelo.

¿A qué se aplica esto? A cualquier objetivo que suponga un gran cambio:

  • Hacer ejercicio a diario, cuando no estás acostumbrado.
  • Estudiar tooodas las tardes.
  • Evitar el cigarrillo.
  • Comer saludable, quitando toda la bollería y la pastelería de la dieta.

(Me quedaré con ése último, que me va a servir de ejemplo.)

planeando

Hay que contar con el resbalón

Si el cambio es muy estricto y no hay hábitos que sostengan tu nuevo plan de vida, el pequeño fracaso es muy probable.

Yo puedo dar fe de ello por mis reiterados tropiezos con la comida azucarada y, seguramente, a ti te haya pasado lo mismo en algún cambio radical que te hayas planteado.

La fuerza de voluntad está a tope al principio y tú estás alerta para seguir el plan. Pero a ver quién es el guapo que aguanta un ritmazo así indefinidamente…

En mi historia con el azúcar, yo estoy semanas sin probar un pastelito (porque sé que, si pruebo uno, arraso con la bandeja). Todo bien, hasta que un buen día bajo la guardia y caigo en la tentación.

Naturalmente, después de echarme la bronca a mí misma, retomo el plan porque quiero. Es bueno para mí.

Sigo por el buen camino y, días después, vuelvo a resbalar (sintiéndome fatal por ello).

Es un ciclo que se repite varias veces. Cuando cada vez hay menos distancia entre los resbalones, me siento tan mal que mando el plan a la porra. Fin del ciclo. Le echo la culpa al azúcar por ser tan adictiva… y punto.

¿Describe este ciclo algún objetivo que te hayas propuesto? Si es así, vamos con las soluciones.

Empieza por poco

De los fracasos se aprende, pero si se puede sortear el obstáculo, mejor. Total, ya sabemos que un cambio así va a ser duro y que los tropiezos son más que probables. ¿Qué tal si los incluimos en el plan?

En lo mío con los dulces, si me permito probarlos sólo durante los fines de semana, por ejemplo, ya tendría margen para no caer otros días.

Si tú te propones hacer una hora de ejercicio diario y ves que te va a venir muy largo, puedes comenzar por diez minutos y, cuando lo hayas fijado en tu rutina diaria, ir añadiendo minutos hasta completar la hora.

De lo que se trata es de hacer el cambio más gradual y manejable. Nos lo ponemos más fácil, dándonos algo de tregua para tropezones y errores, hasta construir el cambio que queremos.

¿Y si caes a pesar de todo?

Si, a pesar de ir despacito y con buena letra, no dejas de caer una y otra vez, todo indica que hay un aspecto de tu vida que está jorobando el progreso. Encuentra cuál es y soluciónalo antes de seguir con el plan.

A mí no me salía lo de cambiar los dulces por fruta fresca. No conseguía avanzar ni, como te he dicho, limitando el azúcar a los fines de semana.

Entonces di con la circunstancia que me lo estaba poniendo difícil: Los dulces estaban muy a mano, porque mi madre los compraba y los dejaba muy accesibles. Después de años de adicción azucarera, yo tenía muy labrado a fuego el esquema de: terminar de comer y abrir la despensa. Había que romper con eso.

Solucioné el asunto y volví al plan. Ahora sí… Llevo tres meses comiendo mucho más sano y no me ha costado tantísimo trabajo.

En tu caso, mira qué asunto está obstaculizando y resuélvelo antes de retomar tu plan. Ya verás que después es más sencillo.

Recuérdalo siempre: Ni un fracaso ni veinte que hubiera significan que no puedes hacerlo. Siempre puedes reconsiderar tu plan y reintentarlo de maneras distintas.

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