No le interrumpas

Estás tomándote un breve descanso y aprovechas para ir a hacerle una pregunta a Pepe. Ves que está muy concentrado en lo suyo. Pero, como sólo le vas a robar un par de minutos, llegas a su mesa y le dices:

— Un segundo, Pepe. ¿Vas a venir a la cena que estamos organizando para el viernes?

trabajo interrumpido

Pepe te contesta amablemente. Muy amablemente, para la faena que le acabas de hacer.

Podrías haberle dejado una nota o un mensaje, o hablar con él a la salida. Porque tú crees que sólo le has quitado un minuto de su tiempo (dos, como mucho). Pero no. Le has quitado mucho más.

Las distracciones, por pequeñas que sean, hacen que el tiempo para terminar una tarea se multiplique, así como la probabilidad de cometer errores en la misma.

Al interrumpir a Pepe, él tarda unos 20 minutos en tomar el hilo de la tarea compleja que estaba realizando y unos 30 más, hasta llegar al estado de concentración en el que estaba cuando tú le echaste la vista encima.

Así es que no serán un par de minutos. Serán muchos más. Sin pretenderlo, estarás haciendo que su día sea más pesado.

Ponte en el lugar de Pepe

Pero, ¿qué estoy diciendo? Tú ya has estado en el lugar de Pepe.

Un timbre sonó, el teléfono vibró y algún vecino o compañero inoportuno llegó para darle una patada a tu concentración (cual balón de rugby) y sacarla del terreno de juego. Y seguro que luego te costó retomar el ritmo.

La mayoría de las veces, vuelves a esa tarea y la terminas en el mismo día (más tarde que si no te hubieran interrumpido, eso sí). Pero quizás conozcas también la experiencia de aplazar la tarea hasta el día siguiente, una vez perdida la concentración.

Porque, ¿cuántas veces has estado metido en una tarea y una breve interrupción te ha roto el ritmo del todo? Ya disperso, quizás aprovechaste para ir al baño, comer algo, mirar el correo, etc.

¿Y cuántas veces la interrupción de alguien que llega a hacerte una simple pregunta no se transformó en una conversación más larga? Algunas también, ¿verdad? Son experiencias comunes.

Así, una tarea, que podrías haber terminado en una hora, has visto que se transformaba en un proceso muuucho más largo.

Y no. No es sólo una cuestión de horas y productividad. También lo es de salud.

Si continuamente te están interrumpiendo, te ves en la necesidad de alternar tu atención entre un estímulo y otro; realizas un sobreesfuerzo y, como ésa sea la tónica de cada día, terminas estresado perdido.

Por eso, cuando veas que Pepe o quien sea está metido en una actividad, piensa en los errores que puede causar tu interrupción de dos minutos; piensa en el retraso; en su esfuerzo; en el estrés… ¡y no le interrumpas! (A menos que te caiga muy, muy gordo. Y ni aun así, porque luego Pepe se desquitaría…)

Imagen de Josh Bancroft

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