Paciencia. Deja que el tiempo haga su parte.

¿No te parece que esta afición moderna por la inmediatez nos está malacostumbrando? Nos habituamos a un ritmo tan rápido que, si no conseguimos lo que queremos pronto, somos presa del desánimo.

Así nos rebelemos contra la realidad, hay objetivos vitales que necesitan tiempo para ser alcanzados. Sí, más del que quizás nos gustaría.

Por trillada que esté la comparación, hay objetivos que son como semillas. Tú las plantas y te ocupas de cuidar cada aspecto para que germinen y crezcan.

tiempo y paciencia

Y, una vez que has hecho tu parte, tienes que dejar al tiempo que haga la suya.

Si lo piensas, no son pocas las cuestiones en las que es necesario permitir que el tiempo haga su parte:

En los objetivos profesionales se ve claro. Rara vez el éxito acontece de la noche a la mañana. Aprendes, resuelves problemas, fracasas y avanzas. Así, hasta que un día dices: ¡Lo logré!

En los objetivos personales, también. Si te interesa bajar unos kilitos, por ejemplo, haces tu parte cada día… Pero, ¿qué es lo que hace falta para ver resultados? Eso mismo, tiempo.

¿Y en las relaciones personales? Hace falta tiempo (a veces, muchísimo) para tomar confianza y para conectar profunda e íntimamente. Con el “aquí te pillo, aquí te mato” no consigues estas cosas.

En muchas cuestiones importantes de la vida el papel que juega el paso del tiempo es esencial. La paciencia es imprescindible.

Con el tiempo aprendes, progresas, te haces más fuerte, se curan tus heridas (físicas y emocionales), logras perdonar, etc.

Hay toda una conjunción de experiencias que no se arreglan con parches y que no hay manera de apresurar. Y, sin embargo, vale la pena trabajar por ellas y esperar su fruto.

Que la impaciencia y la afición por los resultados rápidos, no nos cieguen. Sigamos trabajando, pasito a paso, y dejemos que el tiempo haga también su parte, ¿no te parece?

Imagen de Βethan