Fija un presupuesto de horas de trabajo

A lo que se refiere el título de esta entrada es a que establezcas una cantidad de horas de trabajo (preferentemente, no demasiadas) y no te salgas de ella.

La idea tiene dos tremendas ventajas: Por una parte, tu productividad se beneficia cuando te comprometes a aprovechar al máximo ese tiempo que has fijado.

Por otra, haces sitio en el día para tu vida personal y social. Descansas más y te estresas menos.

¿Cómo se lleva esto a la práctica? Con un ligero cambio de esquemas.

horas

Imagínate que, en lugar de tiempo (que es tan abstracto), tienes en tus manos 70 € para hacer las compras de la semana en el supermercado.

No es una cantidad muy grande, pero te ajustas a ella. Exprimes hasta el último céntimo. Compras lo que necesitas y te diriges a la caja para pagar.

Justo cuando sacas la cartera, alcanzas a ver una oferta tentadora, irresistible. ¡Qué ganas te entran de aprovecharla! La mala pata es que no puedes deshacerte de ninguno de los productos básicos que llevas en el carro para comprar ese producto.

¿Qué haces? No comprar, porque tu presupuesto es limitado y sólo te ha dado para adquirir lo básico. Ya aprovecharás la oferta la semana que viene, si acaso.

Piensa en el tiempo como si estuviese en tu cartera

Con el tiempo puedes hacer lo mismo del ejemplo: Ser respetuoso con tu presupuesto.

Trabajas todo el santo día, aplicadísimo para que te alcance a hacer lo previsto. Faltan 5 minutos para que llegue la hora de terminar de trabajar. Y, mira por dónde, te encuentras con una tarea extra que te costaría 30 minutos más de trabajo.

¿Qué haces? No comprar. ¿Por qué?

Porque cada día (de trabajo) tiene un principio y un final. Se supone que, cuando faltan 5 minutos para terminar, tú ya has cumplido con tus prioridades. Has echado en el carro lo básico. Lo demás es secundario.

Es verdad que hay días muy correosos y también están ésos en los que el trabajo se amontona. Ni trabajando 12 horas de corrido terminarías de hacerlo todo.

Mira el trabajo de la casa, por ejemplo. Limpiar, cocinar, comprar… Siempre se queda algo pendiente. O, en cualquier otro trabajo, siempre hay algo por hacer.

Total, que la tarea extra de 30 minutos va a tener que esperar a mañana (si entra en tu presupuesto de tiempo).

¿Llega la hora de descanso? ¡A descansar!

Si has metido la pata y has dejado sin hacer una tarea importante, no te preocupes. Mañana tienes la ocasión de reestructurar tus prioridades y de hacer un nuevo presupuesto de tiempo. Echarás en el carro hasta donde te alcance… y punto.

¿Te suena saludable la idea? 😉

Imagen de woodleywonderworks