Tu voz te parece horrible… y no lo es

¿Te gusta el sonido de tu voz cuando la escuchas en una grabación? A mí, no demasiado. Me resulta extraña, muy aguda.

Las voces de los demás me suenan bien por teléfono o cuando las escucho grabadas. Entonces, ¿por qué me desagrada la mía?

Me desagrada porque no estoy acostumbrada a escucharla así. Si me grabase y me escuchase más a menudo, cambiaría el asunto. Ahí está el remedio.

Ya nos han explicado muchas veces (aquí, una de tantas) que, cuando hablamos escuchamos nuestra voz doblemente: (1) Escuchamos el sonido que hace fuera del cuerpo y (2) el sonido desde dentro, con el cuerpo actuando como caja de resonancia.

Por eso, cuando hablamos nuestra voz nos parece menos aguda que cuando la escuchamos en una grabación.

Ahora, vamos a lo que nos interesa…

grabadora

¿Tú te has escuchado “raro” en una grabación? Si es así, ¿qué ha pasado cuando le has preguntado a otra persona sobre el sonido de tu voz?

Probablemente, te ha dicho que te escucha bien. Que así es tu voz. Igualito que me pasó a mí. Yo hice el test dos o tres veces y me dijeron incluso que mi voz era dulce y agradable. Y yo los miraba con cara de: ¿Eeeehhhh…?

Ocurre lo mismo con otras cuestiones

La verdad. A mí no me gustaba mi voz porque pensaba que era demasiado aguda para agradar a los demás. ¿Por qué otra razón, que no sea ésa, nos puede incomodar nuestra “fea” voz?

La gracia es que los demás, si hay una voz que consideran “rara” cuando la escuchan grabada es la suya. La mía les da igual.

En el curso de una conversación, por ejemplo, yo puedo ponerme nerviosa porque quiero causar una buena impresión. Mi mi voz tiembla ligeramente y me parece que es incluso más aguda de lo habitual. ¿Y qué es lo que ve mi interlocutor?

Él percibe lo que se manifiesta fuera de mi cuerpo. Nada que le llame especialmente la atención. Quizás capte ciertas señales de nerviosismo, que son poquita cosa, si las comparamos con el estruendo interior que estoy viviendo yo en la entrevista.

¿Dónde quiero llegar? A que yo percibo una cosa y tú, cuando estás hablando conmigo, percibes otra distinta.

Yo puedo pensar que mi voz es horrible; que los nervios me traicionan y me equivoco eligiendo las palabras; que parezco estúpida. Y todo eso está ocurriendo dentro de mí.

Tú me escuchas. No notas nada de particular en mi voz. Y, haya sido más o menos útil o elocuente lo que te he dicho, tampoco le das importancia a mis nervios.

Conclusión: La razón por la que una persona encuentra su voz horrible o se siente increíblemente torpe para interactuar con otros puede ser sólo una impresión personal que los demás no tienen porqué compartir.

Imagen de Matt Blaze