Tú eliges cómo quieres ser

Suponiendo que, hasta ahora, hayas sido una persona tirando a pesimista y tristona y que quisieras darle la vuelta a eso para convertirte en alguien más alegre y positivo, ¿dirías que puedes hacerlo?

Espera, que no voy a venderte la moto contándote que el asunto es coser y cantar.

Una parte de lo felices que somos, al parecer, está determinada por los genes. Otra, a considerar especialmente, la deciden factores del entorno y experiencias vividas que NO se pueden cambiar.

Imaginemos lo peor: Que tu configuración genética juegue en contra y que, además, hayas tenido una existencia que ha sido cualquier cosa menos fácil.

Aun en ese supuesto, te queda poder de maniobra para convertirte esa persona que quieres ser (insisto, en el supuesto de que quieras hacerlo). O, en todo caso, de acercarte todo lo posible.

elegir

Elige lo que quieres

Nadie es quién para decirte qué es mejor o peor para tu vida. Eres tú quien decide; quien elige qué hacer, dónde ir, con quién estar, cómo responder a eventuales situaciones estresantes y docenas de cuestiones más que se te plantean a diario.

Son las pequeñas decisiones que realizas cada día las que van transformándote, llevándote hacia ese cambio que quieres.

Las decisiones y las pequeñas acciones que las acompañan van sumando, aunque tú no te des cuenta hasta que llevas un buen trecho recorrido.

pasear

Si no lo crees, piensa en cómo evoluciona una relación desde el primer momento en que conoces a alguien, hasta llegar al día de hoy.

O piensa en tu formación académica. Si tienes estudios, fíjate en el día en el que empezaste y en el día que los acabaste.

La gran diferencia entre el principio y el final es el resultado de las pequeñas sumas que hiciste, día tras día.

¿Por qué no va a ocurrir lo mismo si tú decides cambiar tu actitud ante la vida, en este caso?

Si quieres convertirte en una persona más feliz, relajada u optimista, habrás de tomar a diario decisiones que te acerquen a esa meta.

Un cambio vivido en primera persona

A mí no me gusta dármelas de experta (porque no lo soy) ni ponerme de ejemplo, pero esta vivencia sí viene al caso.

Sería absurdo por mi parte estar casi cuatro años escribiendo a diario sobre motivación, optimismo y todas esas cosas, si no predicara con el ejemplo.

El chiste es que, cuando empecé a hablar de todo eso en el blog, no me sentía pletórica de la dicha, precisamente. Mi situación de desempleo hundió los pilares importantes de mi vida y qué decirte sobre cómo me sentía…

Mal. Estaba mal. Sólo tenía clara una cosa: Que no quería sentirme así. Quería fuerza, ilusión para volver a la lucha, esperanza… No sabía qué nombre ponerle exactamente.

Entonces, empecé a leer y a escribir aquí sobre estos temas. Y, día a día, fui dándoles una oportunidad a esas pequeñas ideas para sentirse mejor. Se fueron incluyendo en esta página… y también en mi propia vida.

¿Qué ideas? Te apunto unas cuantas:

1. Levantarme pensando en algo bueno.

Esto no sale de un día para otro cuando estás en un lodazal emocional. Pero, con la práctica, cada vez cuesta menos apretar el “PAUSE” cuando los pensamientos negativos hacen su aparición, para decir: Vaya. Qué día tan bonito hace hoy.

Practico con frecuencia la gratitud. Y déjame decirte que los resultados los noté a las pocas semanas de empezar.

Comprobado: Valorar lo que tienes, así parezca poco, impacta en el estado de ánimo.

2. Hacer ejercicio a diario y reír más.

¿Por qué pongo las dos cosas juntas? Primero, para no aburrirte. Segundo, porque en estado de vigilia son las dos actividades más desestresantes que conozco.

Lo del ejercicio ya te lo conté. Yo hacía ejercicio en tiempos pretéritos y lo retomé en serio, a raíz de escribir una y otra vez sobre lo bueno que es para sentirse mejor física y anímicamente.

En cuanto a la risa, búscala y hallarás salud. Es prácticamente imposible estar agobiado y reírse al mismo tiempo. Comprobado, también.

3. Nutrir las buenas relaciones.

Me apliqué lo de ser amable y generosa (procurándolo en las oportunidades que surgieran en el día a día).

También, lo de pasar menos tiempo con gente negativa; lo de no hacer caso a comentarios hirientes (¿Y tú qué haces? ¡Ah, no! Que tú no trabajas…); lo de echarle sentido del humor y lo de cuidar de las relaciones con las personas que sí me importan (con detalles y pequeños gestos).

Hay más, pero no me extenderé.

Todo lo anterior son pequeñas acciones realizadas con constancia, que me han ido cambiando. Son las que yo elegí, porque me propuse salir de la negrura y ser más optimista.

Y no. No he llegado a la meta, aunque el cambio ya es muy marcado. Quiero saber más. Quiero ser más fuerte y amar y bailar y reír mucho más.

Este camino que he elegido es el que quiero. ¡Yo quiero ser así! Si tú eliges el mismo, nos encontraremos.

Imagen de Orin Zebest