Yo tengo la razón y tú estás equivocado

¿Es importante para ti tener la razón en una discusión? Incluso cuando tus argumentos son más potentes que los de la parte contraria, ¿necesitas que el otro reconozca que su punto de vista no es el correcto?

En el supuesto caso de que la otra parte se equivoque “de medio a medio” y queramos ofrecer una opinión que se nos hace más acertada, queda muy poco respetuoso decirle: “Te equivocas”.

Sí, aunque nuestro interlocutor afirme tal barbaridad que nos estremezca y sintamos el imperioso impulso de traerlo de vuelta a la cordura.

A veces, para mantener la paz y las buenas relaciones, es más importante saber cuándo callar.

Venga. Apuntemos ideas para vencer la tentación de ametrallarlo con nuestra opinión “acertada”…

conversación

(1) Primero, vamos a escucharlo

Quizás no todo lo que esté diciendo sea un disparate. Escuchemos sin interrumpirle hasta que termine. Quién sabe… Puede haber en su discurso algún punto con el que sí estemos de acuerdo.

(2) Considerar las consecuencias de nuestra respuesta

Hemos escuchado el discurso y estamos en total desacuerdo. No sólo eso. Nuestro interlocutor está totalmente equivocado, sin duda.

En este momento sería bueno plantearse qué ganamos con abrir la boca. ¿Es importante poner a esta persona en su lugar? ¿Cómo afectará esto a nuestro trato con él/ella?

Otra pregunta importante: Si decidimos sacarla de su error, ¿el momento y el lugar son los apropiados? Porque sería una faena dejarla en evidencia en público, ¿no crees? O si sabemos que esa persona está particularmente estresada, también queda muy borde saltarle a la yugular en ese momento.

(3) Por último, un vistazo al interior

¿Cuánto depende nuestra seguridad en nosotros mismos del hecho de tener razón?

¿Si tú demuestras que tienes razón es que vales más que yo? ¿Necesito yo revolcarte con mi verdad para que los demás reconozcan lo lista que soy?

(4) Ante la duda, boquita cerrada

El silencio es oro. Si consideramos que no es el momento ni el lugar y que el asunto no merece mayor consideración, lo sabio es callarse.

¡Ah, no! A mí esto no me sale a las mil maravillas. He abierto muchas veces la boca para defender mi postura (no todas ellas teniendo “la razón”).

Hoy me doy cuenta de que hubiera ganado mucho más mordiéndome la lengua y prescindiendo de la necesidad de quedar por encima del otro.

Momentos de ésos hay bastantes. Espero que nos vayamos haciendo hábiles reconociéndolos.

Imagen de tanakawho