Vas a gustar tal y como eres

Muchos de nosotros evitamos mostrar nuestro “yo” más auténtico por miedo al rechazo, a la exclusión o a ser juzgados duramente por otros. Otros que hacen justo lo mismo, para ser a su vez bien considerados.

Así, hasta que un día nos damos cuenta de que el esfuerzo no compensa. Porque, hagamos lo que hagamos, incluso procurando dar una cara amable y adaptativa, habrá personas que no nos traguen.

Ese día descubrimos que podemos ser aceptados y gustar, sin necesidad de adoptar otra apariencia.

Tú estarás rodeado de personas que te quieren tal y como eres. Ésas quizás no me soporten a mí. Pero yo también tendré mi propio grupito de confianza, donde puedo ser yo misma.

diferentes

Ese día nos liberamos. No hace falta cambiar para gustar. Mostrando la versión real de la persona que somos, daremos con personas afines. ¿El resto qué puede importarnos?

Encajar en las expectativas y gustos de otros, además de ser agotador, es un camino directo hacia la decepción.

La gente se da cuenta de las disonancias entre el “yo” auténtico y la versión que se ofrece al público. Si no inmediatamente, lo hace cuando tiene la oportunidad de convivir más con nosotros. Y, entonces, si antes no les caíamos muy bien, ahora les caemos peor todavía, por falsos.

La hipocresía no la soporta nadie, pero todos la practicamos alguna vez. No por maldad necesariamente, sino por miedo.

Miedo a no ser lo suficientemente buenos, interesantes, atractivos o carismáticos. Vamos, como si nos fuésemos a quedar más solos que la una si no fingimos ser maravillosos… Qué absurdo.

Fingir no es necesario. Aunque de vez en cuando lo hagamos, no lo es. Porque siendo quienes somos, la persona auténtica, la real, hay personas ahí a quienes les gustamos.

Tú les gustas, por ser quien eres, por lo que tienes en ti para compartir. Así, sin aditamentos artificiales. Y yo, también, sin tener que dármelas de lo que no soy.

¿Y qué se siente cuando estás ante alguien que te quiere tal cual, sin máscaras ni maquillaje? Esa sensación es más reconfortante que la de gustar a miles usando una careta. ¿No te lo parece?

Imagen de Andrew Morrell Photography