Parece más difícil de lo que es

Hay una tarea que tienes pendiente. La demoras, la demoras y la demoras otra vez, porque se te hace difícil, pesada, aburrida o eterna.

La gracia es que, una vez que te pones, la terminas sin tanto drama y quizás en menos tiempo del previsto.

¿Crees que sólo te pasa a ti? ¡Qué va!

acción

El problema no es la tarea realmente, sino la creencia que tenemos sobre la misma. De antemano, vamos predispuestos a aburrirnos mortalmente y a sufrir como mártires.

Y, al darle alas a esos pensamientos, toman fuerza. Asumimos que la tarea es el doble o el triple de fastidiosa de lo que es en realidad.

¿Estudiar? ¿Lavar los platos? ¿Poner la lavadora? ¿Salir a hacer la compra? ¡Ay, no! Otra vez el mismo rollo.

Pero algo estupendo ocurre cuando dejamos de pensar tanto…

¡Acción!

La motivación está a cero, pero nos anticipamos a la misma, lanzándonos sin pensar en si tenemos más o menos ganas.

¡Y qué sorpresa nos llevamos! Una vez comenzada, la tarea no parece tan aburrida ni tan complicada. De hecho, hasta nos encontramos unas gotitas de energía por ahí que nos ayudan a terminarla.

Entonces nos preguntamos: ¿Por qué he estado aplazando esto?

Ya, ya… Lo más difícil es empezar con la tarea. Pero ese comienzo puede consistir en un simple gesto que haga de pistoletazo de salida.

Por eso, te lo digo a ti y me lo digo a mí misma:

  • ¿Tienes que estudiar? Agarra el libro.
  • ¿Los platos te esperan? Levántate de la mesa.
  • ¿Te toca poner la lavadora? ¡Arriba!

Sin pensar. ¿No tienes ganas? Deja de pensar en las ganas. Empieza… ¡YA!

Imagen de kaneda99