Toma una decisión conociendo tus derechos

Hay decisiones que no son fáciles por el cambio que representan y la responsabilidad que conllevan para ti.

decidir

Pero pueden complicarse más todavía; pueden representar más presión y zozobra cuando tú renuncias a hacer uso de ciertos derechos que tienes en las relaciones.

¿Cuáles? Éstos, sin ir más lejos:

1. El derecho a elegir a tu manera

Tienes derecho a elegir según tus principios y motivaciones.

Escuchar a los demás antes de tomar una decisión (cuando saben de qué están hablando) es una buena idea. No lo es, en cambio, renunciar a tu propio criterio y a lo que de verdad quieres hacer dándole prioridad a lo que piensa otro.

Porque, a ver… ¿Es el otro quien va a asumir todas las consecuencias de tu decisión?

2. El derecho a tomarte tu tiempo para decidir

Estamos en las mismas. Si otro te apremia para decidirte, dile que se guarde las prisas en el bolsillo (a menos que sí, que haya una fecha tope para decidirte).

Si necesitas tiempo para madurar una decisión consultando con la almohada durante varias noches, estás en tu derecho de tomártelo.

3. El derecho a decir “No lo sé”

Más de una vez tendrás la cabeza hecha un lío. Habrá cuestiones que se te escapen o puntos que no entiendes. Como sea, no estarás seguro de por dónde tirar en ese momento.

Pues éste es otro derecho que tienes: El derecho a tener dudas o a estar totalmente enredado. Puedes decir: “No lo sé“, sin dejarte avasallar por un: “¿Cómo que no sabes?

4. El derecho a equivocarte

Es humano dudar y es humano equivocarse en una decisión. Nadie tiene porqué ensañarse contigo por el hecho de haber fallado, aunque se trate de un fallo monumental.

Si hiciste lo que creíste conveniente, con la información y demás recursos de los que disponías en ese momento, y resultó ser una mala decisión, te toca aprender del error y asumir las consecuencias.

Pero no tienes porqué permitir que te machaquen por ello. Y, mucho menos, tienes porqué hacerlo tú de propia cuenta.

5. El derecho a cambiar de opinión

Las personas que toman una decisión y la mantienen son admirables. Pero hay situaciones en las que lo más admirable es retractarse.

Por ejemplo, cuando aparecen nuevos elementos en escena que cambian el panorama. Decidiste que colaborarías en un negocio. Pero, ya que lo conoces mejor, descubres que no está en línea con lo que tú pensabas.

O cuando tomas una decisión apremiado o manipulado por otra persona: “¿Cómo? Esto no es lo que tú me dijiste el otro día. Olvídate del trato.”

Sí, hay motivos por los que puedes echarte atrás una vez tomada la decisión. Y estás en tu derecho a hacerlo.

6. El derecho a decir que NO

— ¿Te apunto en el grupo? Vamos a organizar varios talleres educativos este verano.

— No, Pepe. Otra vez será.

— Vamos… Y yo que pensé que eras una persona solidaria. ¿Cómo vas a negarte a colaborar en una labor de este tipo? Si quieres, piénsalo.

— Déjalo, Pepe. Tengo otros compromisos.

Efectivamente, con tu negativa Pepe puede pensar que eres una persona egoísta o llegar a otras conclusiones. Es cosa suya.

La tuya es defender tu tiempo y tus prioridades. Y, para eso, tendrás que aprender a decir “No” a ciertas peticiones, aunque quedes mal.

7. El derecho a no dar tantas explicaciones o excusas

Por último, al igual que tienes derecho a decidir que NO quieres hacer una cosa, también lo tienes para reservarte las explicaciones.

Si te inclinas por explicarle a Pepe que no te apuntas a su proyecto por razones de fuerza mayor o si, simplemente, no te apetece el plan, es porque tú quieres dar esas explicaciones. (En ocasiones, es lo suyo y nada cuesta hacerlo.)

Pero no TIENES la obligación de darlas. Lo que sí tienes es el derecho de pronunciarte sin más, y el de elegir qué explicación dar y a quién dársela.

Hay decisiones difíciles, que se pueden complicar más todavía si permitimos que otros borren estos derechos asertivos que todos tenemos y que nos sirven para simplificar presiones y hacer valer nuestra postura.

Conozcamos y protejamos esos derechos. ¿Te parece?

Imagen de Sky Noir

Comments

  1. Hola.
    Solo darte las gracias. No sé cuánto tiempo hace que recibo en mi correo tus entradas pero quiero que sepas que las espero y me alegran a eso de las 11 de la mañana. Leo entonces el enunciado y, luego, cuando llego a casa de trabajar las leo más detenidamente… Pues eso, gracias porque me acompañas en mi día a día.
    Un abrazo

    • Casandra - TBM says:

      Muchísimas gracias a ti por esas palabras, Mamen. Me animan mucho, mucho. 🙂
      Besos!